Santa Cruz de la Sierra

El sueño del bandolero (65)

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La cuarta escena, leída en voz alta por el cineasta Tony Peredo, comienza con una referencia a un editorial sobre el bandidaje durante los años veinte del siglo pasado en el departamento de Santa Cruz. En el artículo, el Dr. Horacio Sosa, director del periódico “El Oriente”, cita una declaración del capitán Víctor Velasco acerca de la muerte del “Gringo Kübert”. Según dijo el militar, el pelotón, “con el alba apenas despuntando, estaba rodeando la estancia, cuando de pronto apareció en la puerta la figura del intrépido bandido quien, armado con una pistola y un revólver y utilizando cobardemente como escudo humano a dos inocentes muchachas, empezó a disparar a diestra y siniestra, matando, desgraciadamente, a un valiente hombre de honor”. Tony continúa leyendo fluidamente sin titubear, a pesar de la pomposidad del estilo del excelentísimo Dr. Sosa. Después de la apertura con los pasajes más importantes del editorial, el enfoque se desplaza hacia la sede de “El Oriente”, en la calle Suárez de Figueroa esquina Independencia, a una cuadra de la plaza 24 de Septiembre. Están conversando dos hombres, el primero es el director del periódico y el segundo es el bandolero quien, prácticamente, está desmintiendo todo lo que apareció en el editorial. Hurtado le explica pacientemente a Sosa que el testimonio del capitán Velasco de hecho es un penoso intento de salvar la propia reputación. “La única verdad es que el detestable ‘Gringo Kübert” me tendió una trampa. Así que lo maté. No hubo otra opción ya que tuve que defenderme a mí mismo y a mis dos niñas”, le dice literalmente el bandolero, tras lo cual el Dr. Horacio Sosa le regala una bellísima estilográfica, proponiéndole escribir su versión de lo ocurrido en el periódico.
   — ¡Increíble! —exclama el taxista don Braulio Robles—. ¿Lo está entendiendo, don Allart? Esto significa que lo que nosotros descubrimos en el archivo de “El Oriente” no era la verdad. Pero también significa que su suegro don Hugo Sosa tenía la razón cuando le contó que el bandolero Hurtado, el hombre más buscado en todo el Oriente boliviano, se atrevió a visitar el periódico.
   —La versión del capitán Víctor Velasco acerca de la muerte del “Gringo Kübert” no es la verdad —comenta la enfermera y el hecho de que todavía ose decir algo me asombra—. Pero la versión según la cual Hurtado le disparó al gringo tres veces en la cara no es verdad tampoco. En mi sueño yo fui una de las primas. Yo lo maté al gringo, con un disparo en su papada. Continuará.

Visto 149 veces Modificado por última vez en Martes, 23 Abril 2019 15:09

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