Santa Cruz de la Sierra

El sueño del bandolero (85)

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Mientras el cineasta Tony Peredo está por leernos en voz alta una nueva escena del cuaderno, escuchamos unas voces desde dentro de la sala de terapia intensiva. Luego se abre la puerta y aparecen dos médicos. Uno baja en seguida la escalera hacia la planta baja. El otro se nos acerca.
   —Me va a disculpar, caballero —dice mirándome—. ¿Usted sería don Allart Hoekzema Nieboer?
   —En persona, doctor —confirmo—. Justo quería hablar con uno de los médicos de la clínica.
   —¿Y la señorita Haber, la hermana del paciente? —pregunta el médico—. ¿Aún no ha vuelto?
   —Me temo que no —digo—. Pero, ¿cómo sabe que ella realmente es la hermana del paciente?
   —Bueno, de hecho no lo sabemos con absoluta certeza, pero es muy probable —explica el médico—. La señorita Haber nos contó que su hermano estaba escribiendo un libro titulado “El sueño del bandolero”, basándose en el mismo cuaderno del que usted, don Allart, habla casi todos los días en el periódico. Parece que el paciente desapareció hace bastante tiempo. Ahora ella dice que lo encontró al fin gracias a sus columnas que, casualmente, aparecen bajo el mismo título.
   —Ay, Allart, es verdad —dice el urubicheño Dámaso Vaca guiñándole el ojo al cineasta—. Menos mal que nuestro filme tiene otro título. “HURTADO” es más original que “El sueño del bandolero”.
   —No sé, doctor  —digo—. ¿No hay un indicio más concreto acerca de la identidad del paciente?
   —Sí, el cuaderno —contesta el médico—. La señorita Haber reconoció la letra de su hermano.
   —¿Por qué le mostró el cuaderno? —quiero saber—. No me parece oportuno. No tenía permiso.
   —Cuidado —dice el médico—. ¿Quién es usted para criticarme? ¿Acaso el cuaderno es suyo?
   Detrás de nosotros suena una voz de mujer. No tiene acento. Lo que sí tiene es una hermosa resonancia, suave y plateada, de miles de campanillas. La psicopedagoga del “Kolping” pregunta:
   —¿Están hablando del misterioso cuaderno? Justo vine aquí para verlo. Pero primero quiero saber cómos está el desafortunado paciente. ¿Ya está mejor? ¿Qué me puede decir, doctor?
   —Por fin una persona con empatía —dice el médico—. A don Allart no le interesa la salud ajena.
   Aunque el paciente sigue en coma inducido, parece que hay ciertas mejoras. Pero en realidad no estoy prestando mucha atención a lo que dice el medico porque el arrogante ese me hizo enojar.
   —Bueno, Tony, mi amor, ahora quisiera ver el cuaderno —dice la psicopedagoga. Continuará.

Visto 327 veces Modificado por última vez en Miércoles, 22 Mayo 2019 15:38

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