Santa Cruz de la Sierra

¡Chau mamá!

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En un país que no debería tener aviones, ir al aeropuerto para despedirse de seres queridos que se van de viaje no es un asunto sin preocupaciones. Estamos con la tía Yudit, mi esposa Emma y nuestro hijito Sebastián. Don Braulio, mi amigo y confidente del barrio El Trompillo, nos lleva al aeropuerto internacional de Viru Viru. “Disculpe, doña Emma, ¿pero a dónde va a viajar?” pregunta don Braulio. “A Rochester, Minnesota. Mi padre está internado allí en una clínica”, contesta mi esposa. “¿Dónde queda Minnesota, cerca de Miami, Los Ángeles, Nueva York, San Francisco, Las Vegas, Washington…?” indaga mi amigo. “Más o menos cerca de Chicago”, digo yo. “Lo iba a decir”, dice don Braulio. “Minnesota es uno de los denominados ‘fly-over states’, estados del interior de Estados Unidos que los aviones prefieren sobrevolar para aterrizar en destinos más atractivos en las costas”, explico. “Oiga, don Allart, usted es muy presumido”, comenta mi amigo. “Es verdad”, dicen la tía Yudit y Emma simultáneamente. “Papá, ¿nosotros vamos a viajar en el avión también?” quiere saber Sebastián. “No, nos quedamos a divertirnos aquí en Santa Cruz”, respondo. “Uhuu, quiero viajar”, insiste nuestro hijito. “Lo siento, hijo, pero papá no quiere viajar porque hace mucho frío allí en Rochester”, digo. “Solo pueden volar quienes se toman a sí mismos a la ligera”, afirma don Braulio. “¿Quién lo dice?” pregunto, algo irritado. “Lo digo yo. A lo mejor me equivoco, pero usted me cae muy pesado hoy”, confiesa mi amigo. “Tiene razón”, dicen la tía Yudit y Emma al unísono. Don Braulio cuenta: “¿Sabían ustedes que mi padre ayudó a construir la pista de aterrizaje y despegue del aeropuerto El Trompillo? Para él, volar era como soñar. ‘El vuelo, ¡que felicidad!’ decía siempre.”

En la terminal del aeropuerto internacional de Viru Viru, Sebastián se pone a mirar una pantalla gigantesca que muestra publicidades de aparatos electrodomésticos, mientras mi esposa hace el check-in junto a su hermana Letty que llegó en otra movilidad. Diana, la prima de Sebastián e hija mayor de Letty, le pregunta a mi hijo cuál de los electrodomésticos le gusta más. Sebastián contesta: “La nevera. Me gusta la nevera pero a mi papá no, porque a mi papá no le gusta el frío. Por eso no vamos a viajar nosotros.” Mi esposa y su hermana Letty se despiden y se dirigen a la zona de embarque. “¡Chau mamá!” grita Sebastián y lo repite cada vez más alto. Ama a su madre y adora los ecos.

Allart Hoekzema Nieboer MIGAJAS

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