Santa Cruz de la Sierra

El escondrijo (I)

El cineasta Tony Peredo cree en la entelequia aristotélica, es decir la ley de la energía creadora que supuestamente obra dentro de nosotros. Cada persona – así jura mi amigo – tiene en sí misma el principio de su acción y su fin. Tony dice que somos lo suficientemente libres para poder desarrollar nuestra inteligencia y sabiduría. Esta es la puerta de escape de nuestra libertad. Inútil agregar que Tony es bastante determinista; no cree mucho en el libre albedrío. Indudablemente, su intuición científica es más aguda que la mía. Él sabe que ‘grosso modo’ (por lo menos, en términos macroscópicos) el presente es el efecto del pasado y la causa del futuro.
Sin embargo, yo no creo que haya necesidad en todos los acontecimientos. No soy tan derrotista como para borrar completamente la libertad humana o la contingencia. Creo, por ejemplo, que el azar quiso hace no mucho que mi amigo Tony encontrara en la zona del mercado Los Pozos a un ciudadano japonés. A mi entender, fue un encuentro casual porque los procesos que coincidían eran independientes, o sea no había relación causal entre ellos. ¿Qué pasó? Bueno, una piedra cayó de un balcón – claro, por una causa necesaria: la gravedad; pero fue azaroso que en su trayectoria coincidiera con un peatón japonés llamado Keisuke. Y fue aleatorio también que Tony Peredo, que caminaba por la misma vereda, le prestara los primeros auxilios.
De esta manera nació la amistad entre Tony y Keisuke, me cuenta el cineasta mismo mientras los dos estamos conversando en el patio trasero de mi casa en la avenida La Barranca. Tony añade un detalle: involuntariamente, piensa que la piedra que cayó del balcón de Los Pozos es idéntica a la de Baruch Spinoza (1632-1677), el famoso filósofo que comparó la creencia del hombre en la libre elección con una piedra que está convencida de que escogió su propia trayectoria por el aire y el lugar donde aterrizó. Lo que mi amigo trata de explicarme, sospecho, es que los seres humanos podemos hacer muy bien lo que queramos, pero no podemos querer lo que queremos. O parafraseando al mismo Spinoza: la libertad que todos nos jactamos de tener solo consiste en que somos conscientes de nuestros gustos e ignorantes de las causas por las que son determinados.
Llegados a este punto en nuestra placentera conversación, Tony saca un libro del bolsillo interior de su chaqueta. Continuará.

 

Allart Hoekzema Nieboer MIGAJAS

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