Santa Cruz de la Sierra

El escondrijo (III)

Información adicional

  • DodgerBlue: tbg-dodgerblue

Devuelvo el libro de Inoue Yasushi al cineasta Tony Peredo. Se nos hizo tarde. Tony se despide de mí con un abrazo, agradeciéndome por la charla. Así de generoso es mi amigo: los dos sabemos que él esta noche me enseñó mucho más a mí que viceversa.
En el silencio nocturno miro hacia el fondo del patio. Como queriendo verificar dónde estoy ahora en relación con la verdad, decido echar una mirada en el gran espejo vertical que se encuentra empotrada en la pared a lado de la parrilla churrasquera. Por algún motivo que escapa a mi control, siento una rara urgencia de empujar el espejo y así hago… hasta que el largo e indiferente vidrio cede. No se rompe, sino se abre. Mi peso desplaza lentamente el canto del espejo y descubro un pasadizo oculto. Sigo el camino hasta su interior. Diviso una escalera de caracol hacia un sótano secreto. Sin hacer ningún ruido (¡me siento un ladrón en mi propia casa!) bajo los catorce angostos escalones.
Dos sobrias lámparas orientales iluminan el escondrijo. Veo en el piso, en el centro del espacio, una piedra por encima de una pila de partituras musicales. Luego veo a un hombre, acostado en un catre con la cara hacia la pared. No me asusto, para mi propia sorpresa, y el hombre tampoco. Acaba de despertarse y con una voz calmada y vagamente familiar me dice: “Siempre has sido curioso. Esta característica, junto a tu buena memoria, hace que la gente te crea inteligente. Pero yo mido la inteligencia de otra manera. Al final, pese a tu innata curiosidad, me descubriste tarde. Y eso es una lástima porque tenemos poco tiempo para conversar, por razones que son, digamos, físicas. Somos similares. Sin embargo, no somos compatibles, ni en el tiempo ni en el espacio.”
El hombre se da la vuelta y noto que su postura y sus gestos no son de mi cultura. Sus rasgos sí son como los míos (tal vez, trato de ser sincero, haya conducido una vida más equilibrada y saludable), pero (no sé bien cómo definirlo) su apariencia general me recuerda a tierras remotas, es decir otra realidad que me hubiera gustado conocer a fondo.
“¿Te acordás de los años que viviste en Holanda?” me pregunta. “Ya no soy la misma persona”, respondo. “No, tenés razón. Y eso lo puedo confirmar personalmente. Ahora sos muy diferente”, opina el hombre. Continuará.

 

Allart Hoekzema Nieboer MIGAJAS

Visto 88 veces Modificado por última vez en Jueves, 05 Enero 2017 08:53

Últimas Noticias

Prev Next

Del 30 a 70% de descuentos Más del 80% d…

Descuentos del 30 al 70 por ciento es lo que se puede percibir en al...

Por autorizar el vuelo Exdirector de Aas…

El exdirector de la Administración de Aeropuertos y Servicios Auxiliares a la Navegación Aérea de...

Por autorizar el vuelo Exdirector de Aas…

El exdirector de la Administración de Aeropuertos y Servicios Auxiliares a la Navegación Aérea de...