Santa Cruz de la Sierra

“No me gustan los bebés”

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Nuestro hijo Sebastián tiene apenas 4 años de edad. Falta solo un mes para entrar al ‘prekínder’. Noto que últimamente está algo confuso, o sea (como conjetura su ‘pluridiplomada’ profesora de la guardería) ‘mentalmente embrollado’. Duerme poco y – ay, por desgracia – no nos deja dormir a mi esposa Emma y a mí tampoco. Sebastián tiene varios primitos de la misma edad. El día de la fiesta de cumpleaños de su primita Victoria, al entrar a la sala de juegos de ‘Happy Time’ en la avenida Busch, nuestro hijo nos dice: “No me gustan los bebés.”
Sebastián quiere jugar inmediatamente, pero yo sugiero que sería mejor primero saludar a todos los invitados. Nuestro hijo dice: “No, papá, porque me van a decir: hola bebé.” No lo dejan entrar a la zona de los juegos porque no tiene una pulsera. Una de las supervisoras de ‘Happy Time’ le explica que debe recogerla en la mesa de la cumpleañera. “Las pulseras las tienen tu tía Katherine y tu tío Vicente. Vamos, así de una vez vas a saludar a toda la familia”, le digo yo. “Uhu, eso no me gusta tampoco”, reniega. Sin embargo, no tiene opción y resulta ser que nadie le dice: hola bebé.
Me quito los ‘crocs’ y me pongo calcetines para acompañarlo adecuadamente a Sebastián (así lo prescribe el reglamento de ‘Happy Time’). Nuestro hijo quiere jugar con los trencitos. Hay tres fantásticas pistas ferroviarias. En menos de 30 segundos logra armar un largo convoy, robando locomotora y vagones a varios niños (que en realidad son bebés todavía). Los niños rompen en llanto. Luego un niño un poco mayor le quita el entero convoy a Sebastián y lo devuelve en piezas a los pequeños perjudicados. Sebastián dice: “Papá, el niño grande no presta los coches”. Por lo menos, no llora.
Tras jugar junto a su primo Sergito en un hermoso aparato para escalar, Sebastián decide probar su suerte en una zona restringida para niños de 0 a 2 años. Hay un carrusel y un teclado musical gigante, dos cosas que le encantan a nuestro hijo. Sin embargo, la supervisora se me acerca, preguntando: “Señor, me va a disculpar, pero ¿cuántos años tiene su hijo?” Yo respondo con entusiasmo: “Estamos todos aquí festejando el cumpleaños de Victoria.” La supervisora repite su pregunta y yo le digo la edad de nuestro hijo. “Ya no es bebé”, constata la mujer. “Sí lo es”, insisto.

 

Allart Hoekzema Nieboer MIGAJAS

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