Santa Cruz de la Sierra

La clínica fáustica (I)

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“Yo amo a aquel que desea lo imposible”, decía Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), el dramaturgo alemán que supo explicarnos el concepto del contrato fáustico, es decir, un pacto con el diablo en busca de la cumbre de la sabiduría y la eterna juventud. A mí también me gustan los irrealistas. Casi todos mis amigos son así. Por ejemplo, el cineasta Tony Peredo jura que existen varias realidades paralelas, o sea, mundos diferentes que viven uno al lado del otro y que de vez en cuando, casualmente, confluyen. Otro amigo, el urubicheño Dámaso Vaca, está convencido de que lo que nosotros llamamos “vida” en realidad es una narración cíclica o un juego de cajas chinas: un sueño dentro de un sueño, que a su turno se encuentra en otro sueño, etcétera.

Siempre me ha gustado una imagen propuesta por Oscar Wilde (1854-1900) que nos hace conocer a un Dios que en un principio hizo un mundo distinto para cada hombre. “Es en ese mundo, que está dentro de nosotros, donde deberíamos intentar vivir”, aconseja Wilde. Hablando de Dios… hay otra cita de Goethe: “No podemos modelar a nuestros hijos según nuestros deseos. Debemos estar con ellos y amarlos como Dios nos los ha entregado.” Mi esposa Emma y yo somos afortunados: nuestro hijito Sebastián, que apenas tiene cuatro años, ya es un gran soñador. Todas las noches, antes de dormir, nos dice: “Voy a pensar en todas las cosas bonitas del día.” Últimamente, sus sueños se concentran en la piscina del colegio Don Bosco, en la avenida Argentina. Allí tiene clases de natación, tres veces por semana. Por ahora, puede solamente nadar en la piscina pequeña, para los niños. La piscina de los grandes es tabú. Sin embargo, en sus sueños Sebastián ya es un nadador experimentado y en la realidad – de vez en cuando, para mi horror, cuando el bañero no lo ve – nuestro hijo hace rápidas incursiones en la alberca grande.

A lo que me voy…  La ‘Gretchenfrage’, como suelen decir los alemanes cuando se encuentran ante una cuestión de crucial importancia, es la siguiente: ¿Es más importante vivir o soñar? O bien: “¿Cuál es la mejor representación de la realidad, la vida o el sueño?” No conozco la respuesta, pero quiero contar algo: gracias a una feliz confluencia de raras fuerzas oníricas pude rescatar a un amigo. Un amigo entre los más irrealistas que tengo. Lo que sigue es la crónica de ese rescate. Continuará.

 

 

Visto 515 veces Modificado por última vez en Martes, 14 Marzo 2017 13:00

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