Santa Cruz de la Sierra

Callejón sin salida (I)

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Antes de caer literalmente en un gran vacío, estábamos con mi hijito Sebastián admirando unos loros en el jardín de mi suegra, doña Josefina Arreaza de Sosa. Las aves se encontraban en una jaula recién construida. Noté que dos eran parabas verdaderas, de carne y hueso, y había otros dos loros que eran falsos, de madera o yeso. Los dos reales, por algún motivo, me recordaron a mi amistad con el cineasta Tony Peredo, hombre culto, erudito y versátil, que adora la conversación. Pensé en una charla que tuve con Tony, no hacía mucho, sobre el concepto de la segunda oportunidad…

“¿Acaso has pensado alguna vez que, si la vida te diera una segunda oportunidad, todo sería diferente?” me preguntó el cineasta. “Pienso que todos sabemos lo que es anhelar una segunda oportunidad. Pero es muy difícil que se presente”, contesté. “¿Estás pensando en Heráclito, el más subjetivo y, por ende, el más moderno autor de la antigüedad?” quiso saber Tony. “Sí, en él y en su río. Siempre hay un mañana, pero nunca se parece al día de hoy. Y nosotros también cambiamos sin parar”, argumenté. “No se puede descender dos veces por el mismo río, pues cuando desciendo el río por segunda vez, ni yo ni el río somos los mismos”, parafraseó mi amigo. “Recuerdo que mi padre me trajo, de un viaje a Boston a finales de los años ochenta, una edición original de la famosa novela inconclusa ‘The Last Tycoon’ de Francis Scott Fitzgerald. Abrí el libro por primera vez en una página cualquiera y leí: ‘No hay segundos actos en las vidas americanas.’ No creo tampoco que haya segundas oportunidades en las vidas europeas o sudamericanas”, confesé. Y fue allí en ese momento, donde Tony Peredo confirmó su erudición incomparable, diciendo: “De acuerdo, eso lo afirmó en ‘El Último Magnate’ de 1941, primera edición de la editora Charles Scribner’s Sons de Nueva York. Pero Fitzgerald había escrito nueve años antes en un ensayo titulado ‘Mi Ciudad Perdida’ que efectivamente no existían segundas oportunidades, para luego dejar entender de manera lacónica que probablemente se equivocara. Entonces no podemos saber lo que pensaba realmente acerca de las segundas oportunidades.” Después, Tony dijo: “A propósito de cosas perdidas, ‘El Mundo Perdido’ de Sir Arthur Conan Doyle es mi novela favorita. Encontré hace poco aquí en el barrio El Trompillo a un descendiente suyo, Charles Smith Doyle, quien es – así me dijo – presidente de un club denominado P.I.S.O.” Continuará.

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