Santa Cruz de la Sierra

Los binoculares rojos

Información adicional

  • DodgerBlue: tbg-dodgerblue

Estamos por entrar al zoológico municipal, pero primero mi hijito Sebastián quiere controlar la mercadería de los quiosquitos que flanquean el arco del ingreso. Me dice: “Hay demasiado humo en el aire, papá. No puedo ver bien. Vamos a comprar unos binoculares”. Protesto: “Pero, hijo, los binoculares no sirven para clarificar el aire, sino para ampliar la imagen de cosas que están lejos”. Sebastián rebate: “No, papá, con los binoculares se puede hacer muchas cosas más”. La dueña del quiosquito ‘Ocelote’ evidentemente escuchó nuestra conversación porque sin que mi hijito le pida nada la mujer le presenta toda la gama de sus prismáticos. “Son de plástico”, digo no sin desdén. “Ay, papá, son bellísimos”, dice Sebastián para luego elegir un ejemplar rojo. “¿A cuánto están?”, le pregunto a la dueña. La mujer responde: “Para usted, a 35 bolivianos”. Comento: “Y para los demás más bajo, me imagino”. La dueña mira a Sebastián y le dice: “Tu papá es un tacaño, ¿no es cierto?”. Para desmentirla le doy dos billetes de 20 bolivianos, diciendo: “Está bien así, señora”. Mi hijito me pregunta: “¿Y vos? ¿No querés comprar también unos binoculares para vos?”. Explico: “No necesito binoculares. Tengo la vista de un águila harpía”. Ingresamos al zoo y Sebastián utiliza inmediatamente su nueva adquisición. “A ver, papá, ¿podés ver desde aquí el aviario amazónico?”, quiere saber. Reconozco que no veo la gran jaula de las aves. Mi hijito exulta: “¡Yo sí!”. “¿Me pasás tus binoculares? Quiero verlo también”, digo. Sebastián dice: “No, porque no quisiste comprar tus propios binoculares. Por tacaño”. Llegamos a la alta jaula del águila harpía que se encuentra enfrente del aviario amazónico. Mi hijito mira con sus binoculares hacia arriba. “Allí está tu pariente, papá. Lo veo muy grande, tan grandote como vos”, observa. Ahora invierte sus binoculares. Me mira y dice: “¿Sabés que ahora sos muy chiquito? Sos mucho más chiquito que el águila harpía. Ya no sos su pariente, nada que ver”. Le digo: “Por favor, dame tus binoculares. Quiero verla bien al águila harpía”. Mi hijito dice: “No papá, vos dijiste que no los necesitaba. Vos dijiste que tenías la vista de un águila harpía”. Nuevamente, mira a la fantástica ave a través de sus binoculares. Comenta: “Ahora no sólo la veo grande sino que también puedo ver lo que piensa”. Pregunto no sin asombro: “¿Y que está pensando la águila harpía?” Sebastián responde: “Está pensando en la fuga. Quiere escaparse. Lo sé gracias a mis binoculares. Vos no lo sabés”.

Visto 421 veces

Últimas Noticias

Prev Next

Viajar

Viajar

Mi hijito Sebastián dice: “Papá, los abuelos y la tía Yudit por fin volvieron. ¿Por...

La Paz: Declaran alerta sanitaria depart…

La Paz: Declaran alerta sanitaria departamental por meningitis

Este jueves 21 de noviembre la responsable departamental del Programa de Vigilancia Epidemiológica del Servicio...

Enviado de la OEA ve razonable que el TS…

Enviado de la OEA ve razonable que el TSE defina fecha de elecciones

Para el enviado de la Organización de Estados Americanos (OEA), Rodolfo Piza, es razonable que...