Santa Cruz de la Sierra

Dos sueños

En la esquina noroeste del mercadito El Trompillo, frente a la sucursal del banco Fassil, me topo con mi mejor amigo, el cineasta Tony Peredo. Me dice: “Hoy desperté con una sensación extraña”. Le digo: “Yo también. ¿Acaso tiene que ver con un sueño que tuviste?”. Tony contesta: “Exactamente. Soñé que una nave espacial me llevaba. Veía el interior, era inmensa. La nave llegaba a otro planeta y yo estaba acompañado. A parte de mí había dos seres más. Nos quitamos los trajes y, para mi sorpresa, uno de ellos es un amigo, un buen tipo que vive con su ex desde hace muchos años. Él sigue enamorado perdidamente de ella. Sin embargo, ella no de él. Ya tuvo novios. Es raro eso, enfermizo. Son como hermanos, según ella. La cosa es que del otro traje sale una chica muy hermosa que hace notar que está enamorada de mi amigo. Pero él no se da cuenta porque sigue pensando en su ex. Yo, en tanto, me enamoro en seguida de la chica hermosa. No obstante, pienso en mi amigo y le digo: ‘Arreglate con ella. Es bellísima, no es terrestre y tiene una espléndida nave espacial para viajar por el universo’. En serio, Allart, era rara la sensación. La lucha de mi amor egoísta y el cariño a mi amigo. Estuve dispuesto a apartarme en la lucha. Me dije: ‘Mi amigo merece este amor’. Raro, realmente. Podría describir exactamente la nave y la fisionomía de la chica. Otra cosa, su belleza corporal era sobrepasada por su belleza interior. Su energía era tan pura”. Le digo a Tony: “Bueno. El sueño que tuve yo fue un poco más terrenal, es decir, bastante materialista. Resulta ser que gané un millón de dólares en una lotería y la organización me dio un código que yo tenía que presentar al banco para poder acceder al dinero. Llamé a mi padre quien estaba contentísimo. Me dijo: ‘Aunque no sea mérito tuyo, estoy muy orgulloso de vos’. Ahora bien. Antes de ir al banco, paso por mi casa donde lamentablemente pierdo el papelito con el código. Al despertar, estaba muy decepcionado. Quería seguir buscando el papelito. Quería ser millonario”. Tony me pregunta: “¿Y qué hacés aquí en la realidad, estando frente al banco?” Reconozco: “No sé. Quiero entrar, creo, para averiguar algo”. Entonces, los dos entramos a la sucursal del banco Fassil. Sacamos una ficha y cuando es nuestro turno de repente nos damos cuenta de que la cajera es una chica hermosa, no terrestre, con una energía purísima. Tony susurra: “Es ella, Allart. Preguntale cuál es el código. Te lo va a dar. Serás millonario”.

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