Santa Cruz de la Sierra

La fiestita

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Mi hijito Sebastián dice: “Tengo una buena idea. Vamos a recordar la fiestita. Me gusta recordar cosas bonitas”. Verifico: “¿Estás hablando de la fiesta de cumpleaños de los nietos gemelos del dueño de ‘La Estrella del Oriente’?”. Mi hijito dice: “Sí, lo vamos a recordar desde el principio. Vos me dijiste anteayer, en la mañana, que íbamos a una fiestita. Pero yo escuché ‘siestita’. No me gustan las siestitas. A vos, sí. Pero a mí me gustan mucho las fiestitas. A vos, no”. Protesto: “A mí también me gustan las fiestitas”. Sebastián dice: “No quisiste festejar tu propio cumpleaños”. Explico: “Fue porque cumplí 50 años. No me gusta mi edad”. Mi hijito ignora mi explicación. Dice: “Esa mañana fuimos a la librería para comprar los regalos. Compramos cuatro libros, dos para cada uno. Yo quería ir a la juguetería del mercadito El Trompillo, pero vos dijiste que los libros les iban a gustar”. Digo: “Claro, porque la familia del dueño del periódico es muy culta”. Sebastián comenta: “A mí me gusta leer, pero no me gusta escribir”. Observo: “Los mejores escritores son así. Les encanta leer, pero les cuesta escribir. Escribir bien es difícil. No es un trabajo placentero”. Otra vez, Sebastián ignora mis palabras. Dice: “En la fiestita me pintaron un delfín en mi mano derecha. Eso me encantó. Pero ya se borró. Pobre delfín”. Pregunto: “¿Qué más te encantó?”. Mi hijito responde: “Jugar con los globos. Tuvimos que poner globos en una canasta grande y ganamos. Me encanta ganar”. Digo: “Lo que me encantó a mí en la fiestita fue la creatividad. La animadora te hizo hacer tu propio juguete, ¿no es cierto?”. Sebastián dice: “A mí también me encanta la creatividad. La mamá me ayudó a hacer mi propio juguete”. Comento: “Tenés una mamá muy creativa. Menos mal”. Sebastián confirma: “Sí, menos mal”. Pregunto otra vez: “¿Y que más te encantó?”. Mi hijito dice: “La canasta. Tenía una pelotita con una cara feliz. Sus ojos eran corazones. Me gusta mucho dibujar corazones”. Digo: “A mí también. Dibujar corazones es algo muy lindo”. Sebastián comenta: “No dibujás nunca corazones. Yo sí y la mamá también”. Reconozco no sin sonrojo: “Sí, es verdad”. Ahora mi hijito susurra: “Papá, ¿sabés por qué quiero recordar la fiestita para siempre?”. Digo: “A ver”. Sebastián explica: “Porque nos regalaron una linterna de bolsillo. La voy a usar de noche cuando todas las luces en la casa están apagadas. La voy a usar para leer”. Agrego: “Y para dibujar corazones, imagino. Es una buena idea, hijo”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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