Santa Cruz de la Sierra

Focos

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“¡Oiga Gringo! ¿De qué va a hablar en su nueva columna?”, me pregunta mi amigo Teo, el viejo vendedor de periódicos del mercadito El Trompillo. “No sé”, reconozco. “Ojalá escribiera sobre cosas útiles, o sea, temas que realmente sirven a la gente”, sugiere Teo. “Ojalá fuera capaz. No soy muy práctico, me temo. De todas maneras, antes de poder escribir mi columna tengo que resolver un problema técnico. Esta mañana, tempranito, se me fundieron cuatro focos a la vez en la casa”, digo. Teo dice: “Tendrá que ir a la ferretería de la señora Olga. Nadie vende focos en el mercadito. El último fue el señor Verbetti, ¿se acuerda?”. Respondo: “Claro que sí, el viejo italiano Verbetti. Pobre, se murió y ninguno de sus hijos quiso continuar con la tienda”. Teo suspira: “Yo tampoco tengo sucesor”. En la ferretería de la señora Olga, en la entrada de la avenida La Barranca, me atiende la hija. Primero me pregunta por mi hijo Sebastián. Ella tiene una hijita de la misma edad. “Sebastián está muy bien. Está sano, grande e inclusive es buen alumno”, digo. Ella dice: “Sigue en el colegio alemán, me imagino. Todo el mundo me dice que es muy buen colegio”. Explico: “Sebastián ya no está en el alemán. No le gustó”. La hija de la señora Olga me mira perpleja. Dice: “Mi hija está en la lista de espera del alemán. Quiero que entre”. Comento: “Pero es muy caro”. Ella reconoce: “Sí, carísimo. Pero dicen que vale el dinero”. Digo: “Puede ser. Cada uno hace sus propios cálculos. A mí la mensualidad del alemán me estresaba mucho”. La hija de la señora Olga pregunta: “¿En qué colegio está Sebastián ahora?”. Contesto: “En el ‘Kolping’, aquí en el barrio”. Ella quiere saber si es tan caro como el alemán y yo le explico que ahora pago diez veces menos. Ella exclama: “¡Huele a trampa! ¡Increíble! El alemán no puede costar diez veces más. Conozco el ‘Kolping’. Es decir, la gente siempre me ha hablado bien de ese colegio. Pero no sabía que era tan barato”. Digo con cierta hipocresía: “Lo importante es que Sebastián esté contento”. Ahora la hija de la señora Olga pregunta: “¿Qué quiere comprar?” Explico: “De pronto se me fundieron cuatro focos. Duraron un año, creo”. Ella explica: “Eso es normal. La mayoría de los focos aguantan un año nomás. Hay sólo una maraca que garantiza que sus focos duran por lo menos diez años”. Indago: “¿Es una marca alemana?”. Ella dice: “No sé. Nunca me he fijado en eso. La cosa es que es diez veces más cara”. Digo: “Entiendo. Me quiere decir que huele a trampa”.

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