Santa Cruz de la Sierra

Arte sacro

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Como es sabido, ciertas partes del piso de la catedral de Santa Cruz de la Sierra se parecen a un tablero de ajedrez. Al entrar al templo sagrado, Sebastián me dice: “Yo no puedo pisar las losas negras y vos no podés pisar las losas blancas”. Mi hijito salta a la pata coja por toda la iglesia hasta llegar al museo de arte sacro ‘Monseñor Carlos Géricke Suárez’. Comenta: “Papá, ¡qué milagro! El museo no está cerrado. Por fin arreglaron el piso. Entremos”. Pregunto: “¿Estás seguro de que te va a gustar?”. Sebastián contesta: “Creo que sí. A mí me gustan los museos. Mi museo favorito es el museo de historia natural”. Observo: “En realidad, es el único museo que conocés”. Mi hijito dice: “Por eso. Entremos”. Resulta ser que el nuevo piso del museo de arte sacro es blanco; no hay losas negras. “Vos no podés entrar, yo sí”, dice Sebastián. “Suspendamos un momento nuestro juego, ¿de acuerdo?”, propongo. Mi hijito me concede el favor y entramos. “¿Querés escribir tu nombre en el libro de los visitantes?”, pregunto. Sebastián contesta: “No me gusta escribir. Leer sí, escribir no”. Digo: “Ah, claro, se me olvidó”. Mientras anoto mis datos en el libro, mi hijito se dirige hacia una maqueta de la catedral hecha de madera. Le enseño una estatua del niño Jesús con los brazos abiertos que está al lado de la maqueta. Le pregunto: “¿No te gusta el niño Jesús?”. Sebastián dice: “Me gusta la catedral. Es la misma catedral que estaba en el supermercado durante todo el mes de septiembre. ¿Te acordás, papá?”. Insisto: “Pero el niño Jesús se parece mucho a un angelito. A vos te gustan los angelitos, ¿no es cierto?”. Mi hijito responde: “Sí, pero a mí me gustan sobre todo los angelitos chiquitanos y también los angelitos que dibuja la mamá”. Comento: “La próxima vez tenemos que venir aquí con la mamá. Ella es experta en arte sacro. Nos podría enseñar muchas cosas”. Ahora Sebastián quiere saber en qué exactamente soy experto yo”. Le confieso: “Soy periodista. Sabemos un poco de todo o, por los menos, fingimos, pero no somos expertos en nada”. En la siguiente sala vemos un candelabro de plata con siete brazos. Mi hijito dice: “Quiero este candelabro. Es perfecto para mi cumpleaños. Voy a cumplir siete años el próximo viernes. Quiero soplar siete velas. Comprémoslo, papá”. Le explico: “No es una tienda. Todos los objetos aquí no están en venta”. Sebastián dice: “Vamos al supermercado. Vamos a comprar la catedral del mes de septiembre”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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