Santa Cruz de la Sierra

El poder

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Mi amigo Teo, el viejo vendedor de periódicos en el mercadito El Trompillo, dice: “Gringo, me va a disculpar, pero ¿por qué no habla casi nunca en sus artículos sobre la política? Una de las tareas del periodismo es ayudarnos a los ciudadanos a formar opiniones políticas, ¿no es cierto?”. Digo: “¿Y por qué de pronto quiere que yo hable de política. La última vez, cuando le pregunté por quién iba a votar, casi me insultó”. Teo explica: “Eso fue porque usted lo iba a publicar en el periódico y yo no quiero que la gente sepa de mis preferencias políticas. Pero se lo digo en serio, Gringo. Usted debería buscar más temas políticos. Prácticamente, está hablando sólo de su vida en familia y en el barrio. Un periodista verdadero brinda un servicio público, estimulando a la gente a tomar determinadas posiciones políticas”. Confieso: “Lo que pasa es que mis opiniones políticas no son muy fuertes. Sinceramente, puedo cambiar de idea de un día para otro. Además, no me gusta hablar de política. Me doy cuenta de que aquí en Bolivia les encanta a las personas hablar de política. Sin embargo, pienso que en los países más felices y socialmente equilibrados la política no es un tema de la charla cotidiana”. El viejo vendedor de periódicos observa: “Pero en uno de sus artículos en ‘La Estrella del Oriente’ usted contó que todos los domingos suele hablar por teléfono sobre la política con su padre en Holanda”. Admito: “Es verdad, a mí padre le encanta hablar de política. Él tiene este, digamos, talento particular de saber desviar tarde o temprano todas las conversaciones hacia la política. Quizá se trate de un talento que todo político tiene. Usted sabe que mi padre era político, ¿no es cierto?”. Teo responde: “Claro que sí. Pero ¿era un político bueno?”. Pregunto: ¿En qué sentido ‘bueno’?”. Teo suspira no sin impaciencia y explica: “Bueno en el sentido de poderoso. O sea, ¿su padre tenía mucho poder en Holanda?”. Digo: “No sé, imagino que sí. Él llegó a ser presidente del partido liberal y senador. Además, fue tres veces alcalde. Me confesó una vez que durante su carrera política tenía muchos amigos. Pero cuando se retiró la mayoría de ellos lo abandonó. Podemos decir que mi padre se ha dado cuenta en persona de que el poder engaña al que lo tiene. En realidad, el poder es efímero. No cuenta nada.” Teo medita: “Ay, Gringo, a mí me gustaría tener el poder en este país. De verdad.” Yo le prometo: “Ay, Teo, el día que usted llegue al poder, lo abandonaré como amigo”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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