Santa Cruz de la Sierra

Al revés

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Mi hijito Sebastián despierta y dice: “Hola, papá. No estoy aquí. ¿Sabés dónde estoy?”. Digo: “Pero te veo aquí. Acabas de despertarte y ya estás listo para ir al colegio, ¿no es cierto?”. Sebastián suspira: “¡Uf! No seas aguafiestas, papá. Lo que pasa es que no estoy aquí de verdad. Estoy en otro país. Se llama ‘Aivilob’. ¿Sabés dónde queda este país?”. Repito: ¿’Aivilob’? No me dice nada. Nunca lo he escuchado”. Mi hijito se ríe de mi ignorancia topográfica y dice todo misterioso: “Este país se queda allí donde no se encuentra Bolivia”. Por fin me doy cuenta de que ‘Aivilob’ es el revés de Bolivia. Exclamo: “¡Ay, hijo! ¡Me estás tomando el pelo!”. Sebastián ríe a carcajadas. “Cerrá tus ojos. Estamos en ‘Aivilob’, en serio”, insiste. Le cuento que cuando llegué a Bolivia, hace doce años, solíamos jugar con su prima Irene, una chica alegre y fantasiosa que ahora tiene diecinueve años. Explico a Sebastián: “En aquella época Irene tenía tu misma edad, siete años, y dibujábamos siempre el mundo al revés. Nosotros vivíamos en el cielo y el sol dormía en la tierra. Y de vez en cuando surgía una lluvia tropical del suelo. Eran dibujos ‘locos’, así decíamos. ¿Sabías que tu prima Irene era mi profesora de castelllano? Gracias a ella lo aprendí. Charlábamos todos los días”. Mi hijito me mira no sin escepticismo. Pregunta: “¿Cuándo fue eso? ¿Antes de que naciera yo?”. Le cuesta a Sebastián aceptar que el mundo ya existía antes del 4 de octubre de 2012. Ahora dice: “¿Ya te conté alguna vez del país ‘Aivilob’? Es un país increíble. El mejor del mundo”. Cierro los ojos y digo: “Describímelo, por favor. Quiero verlo”. Mi hijito empieza a contar: “En ‘Aivilob’ las llamas, las alpacas y las vicuñas viven en el oriente y los tucanes, las parabas y las cotorritas en el occidente. Pero muchas veces se visitan entre ellos. Y las personas del oriente no comen picante, pero las del occidente sí. La cosa más importante en ‘Aivilob’ es que mandan los animales, no las personas grandes. Bueno, la realidad es que los animales mandan junto con los niños. Por ejemplo, el próximo domingo los niños y los animales van a votar para elegir a su nuevo líder. Adiviná quién es el candidato en ‘Aivilob’”. Tomando en cuenta ciertas tendencias megalómanas de mi hijito, le digo: “Vos. Me imagino que el candidato sos vos”. Sebastián se ríe y dice: “Sí. Mi adversario es un gato blanco, pero yo voy a ganar en ‘Aivilob’”. Digo: “No lo dudo”.

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