Santa Cruz de la Sierra

Padres preocupados

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Mi padre, un tan experimentado como moderado político holandés que nunca se ha retirado por completo del escenario público de los lejanos Países Bajos, me llama temprano en la mañana. Con evidente preocupación en su voz, pregunta por su nieto. Respondo, fingiendo una calma que en realidad no siento: “Sebastián está bien. Juega todos los días en la casa de mis suegros con amiguitos y, sobre todo, amiguitas del barrio. No se da cuenta de las tensiones políticas en el país”. Mi padre, inevitablemente, da rienda suelta a sus pasiones analíticas diciendo: “Más bien se  trata de tensiones sociales. Lo que yo veo, más allá de las sospechas de irregularidades electorales, es un país donde falta la moderación, la cultura del consenso y del diálogo, es decir, el equilibrio social. Todo está permanentemente radicalizado y polarizado. Reina la polémica. El lenguaje de los protagonistas públicos por lo general es muy violento”. Observo: “Bueno, papá, usted está acostumbrado a la política nórdica. Los bolivianos son distintos. Digamos, por lo menos, que la política aquí no es tan aburrida como la de Holanda”. Mi padre sentencia: “En países con equilibrio social la política es siempre aburrida. Y los políticos no tienen carisma, así que no hay riesgo de caudillismo”. Le pregunto: “¿Y cómo está mi mamá?”. Mi padre dice: “Tu mamá está aquí a mi lado, refunfuñando. Me dice que no tengo que hablar de cosas abstractas. Me gustaría charlar un poquito más, pero ella es muy insistente, como vos sabés. A ver, te paso con tu mamá. Ni modo”. Mi madre, una experimentada pero no tan moderada artista plástica que tampoco se ha jubilado definitivamente, exclama: “¡Hijo! ¡¿Por qué diablos no escapás?! Vengan aquí, los tres. Agarren el primer avión disponible”. Le digo: “Mamá, por favor, tranquilízate. No estamos corriendo ningún albur. Emmita y Sebastián están bien. Además, en el barrio El Trompillo estamos bastante lejos del epicentro del conflicto”. Mi madre quiere saber si su nieto sigue yendo al colegio. “No, mamá, todo se detuvo aquí. Sebastián, prácticamente, está de vacaciones”, explico. Ahora ella cambia radicalmente de tema. Pregunta: “¿Y tu pie? ¿Seguís haciendo fisioterapia?”. Digo: “Debería hacerlo, pero el fisioterapeuta Luis vive lejos. No me puede visitar, ni yo a él”. Mi madre dice: “Ay, entonces, tu pie está en crisis, al igual que el país. Otra cosa, ¿seguís escribiendo en el periódico?”. Digo: “Sigo escribiendo todos los días. Hoy voy a escribir sobre la crisis de mi pie”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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