Halloween

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En estos tiempos tan inciertos como solidarios, nosotros también tenemos nuestra olla común. Mi esposa Emmita cocina todos los días en su atelier para por lo menos ocho personas. Hoy preparó un locro de gallina criolla con plátano verde y estamos con nuestro hijito Sebastián, el urubicheño Dámaso Vaca, su hermano Bernardino, el costurero paceño José y mi mejor amigo, el cineasta Tony Peredo. Sebastián no está particularmente contento porque, primero, no le gusta mucho el locro y, segundo, no puede festejar Halloween, por el paro indefinido. Nuestro hijito dice: “El año pasado estuvimos donde mi tía Alba. Fue un Halloween inolvidable. Quiero ir a la casa de mi tía Alba. La extraño y extraño a Halloween. ¡Uf! ¿Qué vamos a hacer, mamá?”. Emmita le dice: “Ay, mi vida, lo siento mucho. Pero tenemos que estar agradecidos. Tenemos comida y ojalá el año próximo volvamos a festejar Halloween donde tu tía Alba”. El costurero paceño José comenta: “Nunca he entendido esta fiesta gringa de Halloween. Antes en La Paz no se festejaba Halloween, ahora sí”. Sebastián me mira y dice: “Entonces, papá, ¡vamos a La Paz! ¿Lo escuchaste? Mi tío dice que allí festejan Halloween”. El costurero paceño le explica: “No quise decir eso. Lo que pasa es que en La Paz también están protestando. Es como aquí. Están en huelga. No hay Halloween”. El cineasta Tony Peredo le pregunta a José: “¿Y cómo van las cosas en La Paz? ¿Hablaste con parientes, amigos?”. José dice: “Allí son muy aguerridos, más que aquí, creo. Los paceños somos terribles cuando nos enojamos”. Nuestro hijito le pregunta: “¿Ahora estás enojado, tío José?”. El costurero paceño responde: “No, más bien agradecido. Tu mamá tiene razón. Tenemos que estar agradecidos. Hay gente que en este momento la está pasando mucho peor que nosotros”. Sebastián dice: “Yo estoy enojado. Quiero poner mi disfraz de Drácula y festejar Halloween. Quiero pasar por un montón de casas y decir ‘dulce o truco’. Pero no se puede”. Mi gran amigo Tony le pregunta al urubicheño Dámaso Vaca: “¿Cuál es la situación en Urubichá?”. Dámaso dice: “La situación en nuestro pueblo es la de siempre”. Su hermano Bernardino lo confirma: “Acabo de hablar con mi mamá. No hay paro allí”. Sebastián exulta: “¡Tengo una idea!”. Le digo: “Ya estoy sospechando algo”. Nuestro hijito propone: “Vamos todos a Urubichá, a festejar Halloween”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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