Santa Cruz de la Sierra

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Estamos comiendo de la olla común preparada por mi esposa Emmita en su atelier en la calle Nataniel Aguirre, al lado de la capilla de San Gabriel. Entre nuestros comensales se encuentran nuestro hijito Sebastián, el urubicheño Dámaso Vaca, su hermano Bernardino Vaca, el costurero paceño José y el cineasta Tony Peredo. “Es la mejor papalisa que he comido en muchos años”, dice Dámaso. “Es que Emmita cocina con mucha imaginación y creatividad. Ella es una artista en todos los sentidos”, dice el cineasta. Mi esposa explica no sin modestia: “Lo que pasa es que estamos todos con hambre. La tensión acumulada en estas semanas de paro indefinido ha quemado mucha energía. Y cuando uno está con hambre aprecia cualquier comida”. El costurero paceño José mira mi plato. No he tomado ni una cucharada de la papalisa. Me pregunta: “¿Por qué no está comiendo, don Allart? ¿No se siente bien?”. Confieso: “Estoy con nauseas. Siento mucho dolor en mi pie. La tensión acumulada en estas semanas de paro indefinido ha causado acidez en mis músculos. Mi tobillo debe estar lleno de toxinas”. Dámaso dice: “Ya eras un tipo bastante sedentario, como la mayoría de los periodistas de aquí. Pero ahora estás peor. Usás tu pie como una excusa para no hacer nada. Tenés que moverte. Sudando, uno se libera de las toxinas”. El costurero paceño José comenta: “Don Allart necesita otro remedio. Yo sugiero el método de La Paz”. Pregunto: “¿Es decir?”. José explica: “Es sencillo. Tenemos que mascar coca hasta que se vuelva negra. Luego tenemos que escupirla, mezclarla con alcohol y poner esta sustancia en su tobillo. Y al final tenemos que envolver el tobillo con la piel de un conejo negro. Eso va a chupar las toxinas”. Bernardino Vaca dice: “Mejor el método de Urubichá”. Pregunto: “¿O sea?”. Bernardino explica: “Es más sencillo que el método de La Paz. Tenemos que hervir pedazos de corteza de cusi hasta que se forme una especie de mermelada. Luego hay que dejarlo enfriar un poquito y esparcirlo por todo el pie. Eso va a chupar todas las toxinas en un par de días. Pasado mañana ya va a poder correr el maratón, don Allart”. Mi hijito Sebastián, quien durante todo el almuerzo estuvo calladito, ahora dice: “Ay, papá, ¿sabés que tenés que hacer? Tenés que repetir tus sesiones de fisioterapia. Las que hiciste hace unas semanas atrás fueron sesiones truchas”. El cineasta Tony Peredo se ríe y coincide: “El niño mágico dio en el clavo, Allart. Exigimos nuevas sesiones de fisioterapia”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Visto 444 veces Modificado por última vez en Martes, 12 Noviembre 2019 09:59
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