Santa Cruz de la Sierra

Plátano verde

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Mi hijito Sebastián pregunta: “Papá, ¿qué vamos a hacer esta tarde? ¿Tenés un plan?”. Contesto: “Siempre tengo un plan. Podríamos ir a la plaza 24 de Septiembre, a darle de comer a las palomas. Y luego podríamos ir al museo de historia natural”. Sebastián suspira: “¡Uf! ¡Qué plan tan malo! Ya fuimos a la plaza y al museo ayer. ¿Sabés qué, papá? Quiero ir al taller de la mamá. Ella sí que tiene siempre buenos planes”. La verdad es que con el calor que está haciendo en estos días no tengo muchas ganas de moverme, pero no puedo defraudarlo a mi hijito. Así que caminamos hacia el taller de mi esposa Emmita. Ella misma nos abre y Sebastián le pregunta si puede quedarse a jugar. “Ay, mi amor, lo siento. Tengo que ir a la casa de mi amiga Berenice. Tengo que dejarle un racimo de plátanos verdes. ¿Te acordás de la tía Berenice? Su madre tiene una pensión”. Ahora Sebastián pregunta: “¿Podemos ir contigo?”. Su mamá dice: “Vamos los tres. Y después vamos a ir al zoológico”. Nuestro hijito me dice: “¿Viste que la mamá tiene planes muy buenos?” En el auto le pregunto a Emmita: “¿Desde cuándo vendés plátanos verdes?”. Mi esposa explica: “Hay escasez de plátano verde por los bloqueos que están haciendo los seguidores del ex Gobierno. Pero yo tengo bastante plátano que me sobró de la olla común de las últimas semanas. La madre de Berenice está desesperada. El plátano verde es un ingrediente clave de todos sus platos criollos”. Llegamos a la casa de Berenice, quien nos da las gracias: “Esto significa todo para mi mamá. Acaban de salvarla. Ella quería cocinar locro de gallina. ¿Se imaginan un locro sin plátano verde? ¿Cuánto te debo, Emmita?”. Mi esposa le dice: “¿Estás loca? Te lo regalo”. Y Berenice, a su vez, dice: “¿Estás loca? El plátano verde vale oro”. Nos despedimos, para luego ir al zoológico. Resulta ser que no hay nadie en el zoológico; hace demasiado calor. Todos los animales están jadeando por aliento. El único que no sufre el calor es Sebastián, quien no para de correr. Ahora nos está esperando frente al espacio de los chanchos troperos. Grita: “¡Descubrí algo muy importante!”. Emmita y yo miramos a los chanchos troperos. Están comiendo. “¿Qué descubriste?” pregunto. Sebastián dice: “Miren bien. Los chanchos troperos están comiendo plátanos verdes. Tienen un montón de comida”. Emmita dice: “El zoológico acaparó plátano verde, como hice yo”. Nuestro hijito se acerca a un custodio. Con aire conspiratorio, le dice: “El plátano verde vale oro”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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