Santa Cruz de la Sierra

Presentimientos y recuerdos

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Durante las tres semanas que duró el paro cívico, mi hijito Sebastián jugó muchísimas horas en su piscina hinchable. Hoy, quizá como una especie de rito de consolidación de los resultados del paro, decidí desinflar la piscina y guardarla en un rincón del patio trasero de mi casa. No sé por qué, pero tengo un presentimiento bien claro. Siento que me va a llamar mi mejor amigo, el cineasta Tony Peredo. Seguramente me preguntará: “¿Que hacés?”. Y yo le contestaré: “Hola, querido. Estoy guardando la piscina de Sebastián”. Tony me dirá: “Ah, claro. La mítica piscina del niño mágico, símbolo de la valerosa resistencia”. Luego el cineasta me contará su sueño de la noche anterior. Dirá: “A lo mejor fue justamente por la piscina de Sebastián que me visitaron raras imágenes de un enorme hinchamiento. En mi sueño de repente se me creció el pie derecho”. Yo, claramente, no voy a poder contener mi vanidad y diré que las raras imágenes de un pie que crece rápidamente sin razón aparente me recuerdan a un relato de Cortázar titulado “Las manos que crecen”. Mi mejor amigo, quien es mucho más culto y leído que yo, no comentará mi referencia literaria. Retomará el relato de su sueño, diciendo: “Inicialmente, no le doy mucha importancia a mi pie gigante ya que estoy sentado en mi escritorio, revisando un reciente rodaje. Pero cuando decido dar un paseo por el barrio El Trompillo para ordenar mis ideas acerca de mi próximo proyecto cinematográfico, entro en pánico. No puedo caminar normalmente. Me veo obligado a arrastrar mi pata gigante por toda la casa hasta llegar a la puerta de la calle. Allí me doy cuenta de que tengo un pinchazo”. Yo exultaré: “¡Menos mal! ¡Qué alivio! Quiere decir que se te está desinflando la pata, ¿no es cierto?”. Tony dirá: “Sí, en teoría debería sentir un gran alivio. Pero en realidad siento hasta más pánico. De alguna manera consigo un parche de goma y me lo pongo en el pie gigante”. Preguntaré: “¿Y entonces?”. El cineasta explicará: “Este es el final”. Bueno, mientras sigo guardando la piscina, efectivamente me llama Tony Peredo. Me dice: “Sé que estás pensando que te voy a preguntar ‘¿qué hacés?’. Pero no es así. Y sé que piensas que te voy a contar un sueño. Pero ya no es necesario. Ya sé todo lo que presentiste, porque lo que a vos te parecieron presentimientos en realidad fueron recuerdos”. Yo pregunto, no sin perplejidad: “¿Recuerdos de quién?”. Tony dice, no sin misterio: “Tuyos, míos… de todos”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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