Santa Cruz de la Sierra

Corazón cansado

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Digo a mi hijito Sebastián: “Vamos al colegio. Hoy tenés examen de ciencias naturales”. Sebastián protesta: “Ay, papá, hoy quiero quedarme en la casa. Quiero relajarme”. Insisto: “Vamos, hijo. Faltan pocos días. Tenés que aguantar. Y, sobre todo, no tenés que hacer enojar a la profe, como hiciste ayer. Le dijiste que no querías hacer el examen de lenguaje. La profe se enojó muchísimo. Y al final hiciste el examen y sacaste 95”. Mi hijito explica: “Hice el examen de lenguaje y por eso se cansó mi corazón. Tocá, mi corazón está latiendo muy lentamente. Ya no puede más”. Comento: “Ay, hijo, no seas tan melodramático”. Sebastián pregunta: “¿Qué es eso, papá? ¿Significa que estoy con el corazón cansado?”. Contesto: “Una persona melodramática exagera siempre, o sea, dramatiza los acontecimientos y sus propias emociones”. Mi hijito dice: “Entonces, no soy una persona melodramática. Soy una persona con el corazón cansado. Quiero que el colegio se termine de una vez”. Repito: “Faltan pocos días”. Sebastián indaga: “¿Cuántos minutos faltan?”. Calculo en mi mente y al cabo de un montón de segundos digo: “Faltan tres días. Entonces, sesenta por veinticuatro por tres forma cuatro mil trescientos veinte minutos”. Sebastián suspira: “Ay, es mucho tiempo. Mi pobre corazón no va a aguantar. Mi corazón está demasiado cansado. ¿Sabés por qué, papá?”. Respondo: “Sí, ya lo explicaste. Tu corazón está cansado por el examen de lenguaje que hiciste ayer. Pero no te creo. Sos un niño saludable, con un corazón muy fuerte”. Mi hijito rebate: “Soy un niño con una enfermedad extraña. Me enfermé en el colegio, creo. El colegio no me hace bien, papá. Mi corazón está latiendo muy lentamente por el colegio. Hoy tengo que quedarme en la casa para que mi corazón esté un poco menos cansado”. Prometo: “Si aguantás estos últimos tres días, voy a comprarte una caja grande de Lego”. Sebastián indaga nuevamente: “¿Cuántos minutos son ahora? ¿Ya un poco menos?”. Digo: “Sí, bastante menos. Ahora faltan cuatro mil trescientos dieciocho minutos”. Sebastián reniega: “¡Uf! Mi pobre corazón cansado no lo va a aguantar”. Y luego sus ojos se agrandan y se aclaran. Dice: “Papá, tengo una idea. Hoy no vamos al colegio. Vamos a la juguetería. ¿Te acordás que el otro día vimos una juguetería grande, de dos pisos, cerca del zoológico? Es una juguetería llena de cajas de Lego. Vamos a comprar hoy la caja grande de Lego. El colegio no le hace bien a mi corazón, pero la juguetería sí. En serio”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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