Santa Cruz de la Sierra

La bandera

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Sigo hablando por teléfono con mi mejor amigo, el cineasta Tony Peredo, quien no sólo tiene buen criterio artístico sino también un notable olfato político. Me cuenta que los vecinos del barrio lo quieren de diputado. Explica: “Me ofrecieron casa de campaña, poleras, imprenta, todo gratis. Y ¡ojo!, nació de los vecinos”.  Pregunto: “¿Qué les dijiste?”. El cineasta contesta: “Les dije que no gracias. Para ser político hay que, para empezar, no tener alma”. Coincido: “Nunca mezclar el arte con la política. Te quemarás como artista”. Tony dice: “Así es. Jamás dejaría que el infierno me seduzca”. Yo digo: “Pero te digo una cosa. A pesar de que estoy de acuerdo en cuanto al carácter perverso de la política en general, creo que vos serías un buen político. Hay ejemplos de gente que entró a la política manteniéndose íntegra como personas. Qué sé, Mandela por ejemplo”. Tony se ríe y dice: “Y ahora vas a mencionar a Churchill también. Te conozco, Allart. Son tus ídolos políticos. Pero te cuento que en Bolivia nunca va a surgir ni un Churchill ni un Mandela”. Confieso: “No sé. No he perdido la esperanza”. El cineasta puntualiza: “El problema de fondo es la falta de civismo. No hay verdadera ciudadanía. Si vos le preguntás a la gente aquí acerca del concepto de la libertad te dirá que se trata de poder hacer lo te da la gana sin preocuparse del otro lado de la medalla, es decir, la responsabilidad. Además, pese a que realmente no haya diferencias fundamentales entre las personas de las varias regiones del país, lo que me enferma es la persistencia de los regionalismos aquí”. Le pido: “¿Podés, por favor, profundizar este aspecto? No se trata de provincialismo, ¿verdad?”. Tony responde: “No, nada que ver. Se trata de la bandera. Ustedes en Holanda tienen una linda bandera nacional, rojo, blanco, azul, con la particularidad de una flámula que está por encima, el gallardete de la casa real de los Oranje-Nassau, ¿no es cierto?”. Comento: “No soy nacionalista, Tony. No me hables de banderas nacionales”. El cineasta insiste: “Pero es muy importante. Estoy hablando del verdadero civismo. Tenemos que enseñar el amor a una sola bandera. No a la bandera cruceña, no a la wiphala. Somos bolivianos. La bandera que debería flamear exclusivamente es la rojo, amarillo y verde. No hay que subestimar el valor simbólico de la bandera nacional. Yo sé que vos en tus sueños secretos seguís quemando todos los pasaportes del mundo. Te conozco, Allart. Pero el amor a la bandera es patriotismo sano”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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