Santa Cruz de la Sierra

Porky

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Mi gran amigo Tony Peredo, al igual que yo, es una persona bastante huraña. Pese a que trabaje en los mundanos ambientes del cine y la publicidad, no le gustan los eventos sociales. Su casa es un bastión y los que mandan allí son sus mascotas. Actualmente, tiene siete gatos. Dos de ellos le encantan particularmente a mi hijito Sebastián. Son inmensos, pesan unos diez kilos cada uno. El cineasta apenas los puede alzar. Ahora Tony me muestra una foto de una pequeñísima gata negra. Me dice: “Mirá, es una gatita que rescaté en el paro. Parece un ser humano, está loca y no hace caso. O sea, sé que los gatos son independientes, pero este bicho lo hace a propósito. La saco de un lugar y vuelve deliberadamente como para desafiarme”. Le pregunto al cineasta: “¿Y sigue tu chancho Porky?”. Tony dice: “Ay, no, murió. Se descaderó, porque la perra de mi ex lo molestó cuando no había nadie en mi casa. Lo hice dormir”. Quiero saber si Tony estaba presente cuando su fantástico chancho cerró sus ojos definitivamente. Me explica: “Sí, estuve a su lado todo el tiempo y lo enterramos en mi jardín. Me dolió mucho. Porky era mi compañero y confidente. Porque él me recibía todas las noches. Y se quejaba conmigo, porque mi hijo Marcelo le pegaba cuando se ponía rebelde. Naturalmente, yo ya sabía que Marcelo le había pegado, porque llegaba este mini elefante a quejarse. Lloraba quejándose. Era increíble. Yo lo largaba y llamaba a mi hijo preguntándole por qué le había pegado. Bueno, Porky se ponía a mi lado y mientras yo le llamaba la atención a mi hijo él hacía ruidos y hacía el ademán de querer morderlo como diciendo: ‘A ver, ahora pégame, cobarde’. Una vez vi cómo Porky le cerraba la puerta en la cara a mi hijo. Él dormía en el cuarto de servicio y se encerraba a dormir. Y esperaba a que yo le abra la puerta para salir y ensuciar. Porky llegó a pesar dos cientos cincuenta kilos. Era un niño más”. Pregunto: “¿Por qué Marcelo no se llevaba bien con él? Sebastián adora a cualquier tipo de animal”. Tony contesta: “Mi hijo y Porky se tenían bronca porque jamás le hice cortar los colmillos y una vez lo mordió a Marcelo en la pierna. Allí nació la discordia. Pero conmigo era un pan de Dios. Y cuando no estaba tranquilo, lo podía siempre sobornar con tomates. Sólo una vez se me escapó a la calle, imagínate un elefante suelto. ¿Cómo hacés para agarrarlo? Pero Porky se dio una vuelta por la cuadra y se volvió a su lugar. Fue increíble. Lo extraño mucho, ¿sabés, amigo?”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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