Santa Cruz de la Sierra

Dengue

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“¿Papá, ya podés levantarte? Quiero hacer algo divertido. Estamos en esta habitación desde hace mucho tiempo. Quiero ir al zoológico o al jardín del hotel ‘Los Tajibos’. Quiero saludarlos a mis amigos, los pavos reales”, dice mi hijito Sebastián, mientras yo me desperezo en la cama. Siguen doliéndome las articulaciones en mis brazos y piernas. Y sigo maldiciéndolo al solapado mosquito que me dio dengue. Sebastián, por cierto, no está bien tampoco. Durante nuestra estadía de quince días en Holanda mi hijito se resfrió feamente, lo cual no fue una sorpresa ya que en los meses de diciembre y enero entre Santa Cruz de la Sierra y Ámsterdam suele haber una diferencia de temperatura de al menos 35 grados. De todas maneras, ahora los dos estamos de huéspedes o, mejor dicho, de pacientes en la casa de la tía Angélica, la hermana mayor de mi esposa Emmita. A propósito, Emmita está en Orlando, Estados Unidos, donde mi suegra Josefina tiene que hacerse varios tratamientos médicos. La casualidad quiere que el asistente de Emmita, el urubicheño Dámaso Vaca, nos venga a visitar, junto a mi mejor amigo, el cineasta Tony Peredo. “Tu papá no puede levantarse, porque el dengue casi destrozó su hígado”, le explica Dámaso a Sebastián. Tony me pregunta: “¿Cómo te sentís?”. Contesto: “Yo me siento bastante bien, pero no sé cómo está mi hígado. Es una gran incógnita. Mañana me van a pinchar de nuevo. A ver qué dirá mi sangre”. Dámaso indaga: “¿Y las articulaciones?”. Suspiro: “Ay, es una tragedia”. Para mi sorpresa, el cineasta ahora me pregunta: “¿Acaso estás deprimido?”. Le digo: “¿Por qué me preguntás eso?”. Tony explica: “Porque estás hablando de una ‘tragedia’. No es una palabra particularmente alegre”. Comento: “Los dolores en las articulaciones me deprimen. Es una consecuencia lógica, creo. Pero no creo que estos dolores sean causados por una depresión. ¿Saben que en Holanda hablé con un inmunólogo? Él me dijo lo mismo, o sea, que sería una cuestión mental. Me enojé un poco”. Mi hijito Sebastián me corrige: “No, papá. Te enojaste muchísimo con ese medico en Holanda. Dijiste que era un ‘charlatán’ y un ‘payaso’, ¿no te acordás?”. El urubicheño le dice a mi hijito: “Ya me imagino cómo reaccionó tu papi. Tiene mal genio”. Le digo a Dámaso no sin irritación: “¡No tengo nada de malo, sólo mi hígado tal vez!”. Tony dice: “Por favor, Allart, calmate. No tenés que enojarte. No te hace bien”. El urubicheño Dámaso Vaca mira a Sebastián y le sugiere: “Vamos a ir al jardín del hotel ‘Los Tajibos’, a saludarlos a los pavos reales, ¿de acuerdo?”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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