Santa Cruz de la Sierra

Marité Zegada: “La democracia no se reduce a las instituciones políticas”

Marité Zegada: “La democracia no se reduce a las instituciones políticas” Foto: Referencial

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La destacada analista María Teresa Zegada no sólo ha estudiado a profundidad la historia política y social boliviana, sino ha sido testigo directo de conmociones similares a las que acaba de vivir el país. ¡Sobre esas sus experiencias y su interpretación de los hechos Zegada conversó con OH!

- Entre octubre y noviembre Bolivia pasó dos meses de conmoción social y política muy fuerte. ¿Qué etapas de su vida le han dejado recuerdos similares?

- Recuerdo que de niña experimenté la dictadura de Banzer y también todo el proceso de recuperación de la democracia. Entonces, la población movilizada, al igual que en el momento actual, fue la principal protagonista de estas luchas. Lo mismo se sintió, muchos años después durante la Guerra del Agua, acá en Cochabamba, donde tuvimos una experiencia muy fuerte de compromiso y movilización ciudadana total. Era una reivindicación muy legítima de los vecinos y de los sectores sociales del conurbano. Y lo propio, luego, en la Guerra del Gas.

Si uno hace memoria del recorrido de su propia vida en la historia, lo que más recordamos son esos momentos de convulsión social. Significaron un involucramiento en la problemática de nuestro país que desde niños nos ha comprometido con la realidad. Por otro lado, he sufrido los embates de estas movilizaciones por participación directa. Me ha tocado vivirlas muy de cerca y muy activamente. Creo que los bolivianos en general no nos sorprendemos mucho de momentos como estos, incluso las actuales generaciones.

- ¿Qué anécdotas en particular guarda en su memoria de este tipo de crisis?

- Quizás el momento más arduo fue cuando estudiaba sociología en Universidad Mayor de San Simón. Nos tocaron los episodios de inestabilidad política durante los primeros gobiernos democráticos. El asedio de un golpe de Estado, de un retorno a la dictadura, era uno de los temores más grandes. Ese tipo de circunstancias nos impulsaban a las calles y a enfrentarnos con los responsables de imponer el orden. Fue cuando de manera más directa viví jornadas de movilización callejera y de una mezcla de adrenalina y miedo que causa el estar dentro de una protesta social.

Vengo de una generación que se ha comprometido con la democracia. Es una generación que en distintos momentos ha participado no sólo en la lucha por la recuperación de la democracia, sino también por su consolidación y profundización. Están, por ejemplo, las marchas por los derechos de los movimientos indígenas o de sectores populares. Todas esas formas de acción marcaron mucho no sólo mi decisión de estudiar sociología y ciencia política, sino también el tipo de documentos que he trabajado. Los libros que publiqué, mis tesis, están marcados por esta preocupación por mejorar las condiciones sociales políticas y sobre todo por la democracia enun país que siempre tuvo estructuras institucionales muy precarias.

Otra motivación ha sido el ver que la política, en países como Bolivia, pasa de manera predominante por la acción de la sociedad civil. No hay una distancia como en otros Estados donde la sociedad anda enfrascada en su vida cotidiana, mientras la política transcurre por escenarios institucionales ajenos a la vida de la gente.

- Ahora, al parecer se cerró un ciclo de 14 o más años protagonizados por el Movimiento Al Socialismo (MAS). ¿Qué legado positivo deja y cuánto de lo que podía quedar se perdió en los últimos tiempos?

- Más allá del evidente y directo protagonismo del MAS, el proceso de transformaciones que sufrió Bolivia desde principios de siglo obedece a una movilización y un compromiso de la propia sociedad civil. Las guerras del Agua del Gas y el proceso de demandas de la transformación de la Constitución Política del Estado (CPE) emergieron del seno de la sociedad. Allí el MAS apareció como un elemento político que se subió a la ola de esa movilización, para luego, vía elecciones, acceder al poder y convertirse en un protagonista.

Por ello, que el MAS o el propio Evo Morales salgan ahora del escenario político no debería significar que este proceso de transformaciones se detenga. Más bien, la apropiación del proyecto de poder del MAS de este proceso generó una distorsión de los principios con los cuales llegaron al poder y que la población apoyó el año 2005. Llegó con el discurso de conjurar la corrupción, de volver a Bolivia un país más democrático, de permitir una participación más amplia de la población, de respetar la plurinacionalidad. Aquellos ejes tan fuertes que en esos 14 años se fueron abandonando.

- ¿Por qué fueron abandonadas esas demandas sociales?

- Porque se impusieron el predominio del líder, el predominio de intereses particulares de un grupo político. Y también por eso se explica el declive y la propia erosión interna que sufrió el MAS en los últimos años. Quizás un primer elemento que visibilizó este cambio de timón del Gobierno fue la marcha por el Tipnis y después el irrespeto por el voto popular. Hubo muchas señales que fueron marcando esta gran distancia entre el discurso inicial, apegado al proceso de transformación social, política y cultural que anunció, respecto a sus últimos años en el poder.

- ¿Cuál ha sido la fuerza que ha desplazado del poder al MAS? Esa fuerza que sorprendió algo acá y mucho más afuera del país.

- No sucedió de manera sorpresiva con el estallido que generaron las irregularidades del día de la elección. Fue un proceso que respondió a una maduración de más largo plazo. Es posible hallar rastros en el 21F, en 2016, cuando ya la población se empezó a comprometer con el respeto a la democracia boliviana. Un razonamiento tan básico como el pedir respeto al voto resultado de una consulta fue generando una movilización social muy diversa. No fue un solo sector que se movilizó. Fueron diversos sectores los que gestaron un clima de rechazo a las arbitrariedades, al irrespeto a la CPE por la cual se había luchado tanto.

A eso se añadió un elemento fundamental ligado a la participación de los jóvenes: el nuevo escenario de disputa política son las redes sociales. Si bien es cierto que hay factores de manipulación en ellas, también es cierto que se convierten en un elemento de emancipación social y de posibilidad de libre expresión. Es un escenario de denuncia, de intercambio de información y de autoconvocatoria. Entonces, se ha convertido en un mundo nuevo para la política que ha removido las viejas estructuras. Y justamente ha interpelado en este su intercambio a los jóvenes, que son los usuarios más frecuentes de este mundo de la tecnología digital.

Este elemento que se visibilizó a raíz de los conflictos por el 21F después se fue expandiendo en la política y no se lo puede ignorar hoy. En los conflictos de octubre y noviembre fue central para combinar escenarios de movilización callejera con escenarios de discusión política y difusión de ideas en el mundo virtual. Pero además se convirtió en un lugar donde se generó una gran interconexión entre sectores ciudadanos.

- ¿Cuánto de democracia le quedaba al país bajo el régimen del MAS y cuánto de golpismo hubo en la sucesión presidencial? ¿No cree que transitamos un limbo delicado en ambos casos?

- La democracia no se reduce a las instituciones políticas, ésa es una de sus dimensiones. Ésa es una dimensión fundamental porque esas instituciones y el respeto a las normas regulan la convivencia humana. Sin embargo, hay otras dimensiones de la democracia que no deben olvidarse y que sí tuvieron escenarios interesantes en estas últimas décadas: los espacios sociales de participación como las democracias sindical, vecinal o comunitaria. Tras la aprobación de la nueva CPE estos espacios tuvieron mucha vigencia, se profundizó en ellos.

El MAS se amparó en estas formas democráticas para sellar su presencia política. Cuando se hablaba en nombre del pueblo, cuando se decía que el pueblo lo pedía, se hacía uso de esas formas democráticas alternativas y poderosas en Bolivia. Se les daba un uso político. Cuando el presidente Evo renunció súbitamente a su cargo y se fue, desató un gran desconcierto en esas bases. Creo que hoy hay un proceso de autocrítica dentro del MAS de tratar de repensarse desde sus propias organizaciones y abandonar esa visión verticalista tan ligada al caudillo y las direcciones que los fueron controlando.

Lo sucedido es también una oportunidad para el MAS de redemocratizar sus estructuras. Hoy la democracia exige respuestas renovadas.

- Las etapas de gobiernos de transición han sido muy críticas. Podemos recordar, por ejemplo, las de Guevara-Gueiler y Mesa-Rodríguez Veltzé. ¿Qué opina de estas coyunturas?

- Yo pondero la maduración boliviana respecto a la democracia. El agravio que significaron las dictaduras en los 70 y principios de los 80 instalaron un compromiso del pueblo con la democracia. Éste surgió reiteradamente en varios momentos de la historia. En momentos críticos, cuando estuvimos al borde de una guerra civil, cerca de desenlaces violentos, la población respetó salidas institucionales. Apostó a salidas ordenadas y de pacificación.

Así como entre el 79 y el 82, así como cuando la renuncia de Carlos Mesa, también en los últimos meses vivimos otro episodio transitorio y crítico. Parecía que la situación se iba a desbordar, pero se halló una fórmula para devolverle al país la paz social y garantizar un proceso de definiciones ordenadas. No olvidemos que la convocatoria a elecciones y la elección de un nuevo Tribunal Electoral han sido fruto de un pacto político en el que participaron tanto la oposición como el propio MAS. Es una lección que el pueblo boliviano ha recibido de su propia actuación política y su vocación democrática para resolver las pugnas de poder.

Redacción: Leo.com                                                                                                                            

Fuente: Agencias

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