Santa Cruz de la Sierra

Inteligencia vs. Sabiduría

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Mi gran amigo, el cineasta Tony Peredo, tiene un carácter constante, lo que es la base de su éxito. No obstante, de vez en cuando le vienen profundas dudas existenciales, como ahora, justo cuando estamos por consumir el almuerzo en el atelier de mi esposa Emmita. Tony dice: “Estudié química e ingeniería de sonido en Buenos Aires. Ambas son materias no banales y los diplomas y atestados que conseguí siguen sirviéndome. Pero la vida es mucho más que la profesión que uno tiene. A lo que me voy, nunca aprendí realmente el arte de vivir”. Emmita le dice: “Comé, Tony. Cuando uno come algo, todo cambia. Es decir, todo se vuelve menos problemático”. Yo digo: “Les cuento que para mí la comida se ha transformado en un asunto problemático. Todo me hace daño, menos el agua y las galletas de agua”. Curiosamente, los demás, o sea, Emmita, nuestro hijito Sebastián, Tony y el urubicheño Dámaso Vaca ignoran mi comentario. Dámaso ahora opina: “Tony, sos un tipo inteligente. Eso nadie lo va a negar”. El cineasta dice: “Gracias, querido, por el cumplido”. El urubicheño advierte: “Esperá, hombre. Iba a decir algo más. Porque lo que pasa es que no hay ninguna correlación entre la inteligencia y la sabiduría. Mirá por ejemplo a Allart, nuestro amigo periodista. Él tiene hasta más diplomas que vos, pero, honestamente, no sé si lo podemos definir como una persona sabia”. Comento: “No se preocupen. Por lo menos, soy lo suficientemente sabio como para reconocer que no soy sabio”. Nuevamente, los demás ignoran mi comentario. Mi esposa Emmita dice: “En todos los estratos sociales hay personas sabias”. Nuestro hijito Sebastián dice: “Mi mamá es una persona muy sabia, menos mal”. Dámaso dice: “Lo confirmo. Tu mamá razona con la mente fría. Pero tu papá, a pesar de ser nórdico, es demasiado exaltado”. Exclamo: “¡¿Exaltado?! ¡¿Yo?! ¡Nada que ver!”. El cineasta busca calmarme, diciendo: “Bueno, digamos que sos impulsivo. Yo también soy impulsivo. Por eso me cuesta mucho razonar como un sabio”. Pregunto, todavía bastante alterado: “¿Y qué sería la diferencia? ‘Exaltado’ e ‘impulsivo’ son sinónimos. No traten de engañarme con palabras”. El urubicheño Dámaso Vaca dice: “Ay, pobre amigo periodista, ninguno de nosotros nunca te va a engañar con palabras. No es nuestra profesión.” Sebastián observa: “Cuando mi papá está conmigo no se equivoca nunca. Conmigo es muy sabio”. Mi esposa le dice: “Es que vos le das el buen ejemplo a tu papá”. Emmita tiene razón: no hay sabiduría más profunda que la inocencia.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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