Santa Cruz de la Sierra

Los hispanos y la grandeza norteamericana (II)

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Otros estadounidenses, en cambio, más realistas y en general mejor educados, comprenden que es imposible ignorar la presencia de los latinos, aunque solo sea porque son más de seiscientos millones en el Nuevo Mundo, y celebran la diversidad étnica como una virtud social apreciable o, al menos, como un destino inevitable.
Al fin y a la postre, estos estadounidenses ilustrados conocen las tendencias demográficas del país y saben que a mediados del siglo XXI serán 100 millones, pero en el 2117, a una escasa centuria, dadas las diferencias en la tasa de fecundidad, ya habrá tantos hispanos como anglos en Estados Unidos.
Esa circunstancia, lógicamente, tendrá consecuencias sociales. No todos los grupos generan los mismos resultados. Eso se puede observar en el mosaico étnico de Estados Unidos. La segunda generación de inmigrantes hindúes, libaneses, judíos, griegos, armenios, japoneses, coreanos y chinos obtienen mayores ingresos y más altos niveles de escolaridad que la media blanca norteamericana. Ello debería precipitar a la sociedad estadounidense a volcarse en la educación y la integración de los hispanos. Lejos de regatearles la estancia en el país a los dreamers o soñadores, nada menos que 800 mil latinos traídos por sus padres clandestinamente a Estados Unidos cuando eran niños, muchos de ellos estudiantes universitarios culturalmente estadounidenses, incluso sin lazos emocionales o lingüísticos con sus países de origen, lo sensato sería tenderles puentes y estimularlos para que permanezcan en el país.
Uno de los argumentos esgrimidos en los debates parlamentarios de Washington contra la inmigración asiática, hace casi cien años, era que esas personas tenían una mínima capacidad intelectual. Hoy se les atribuye un IQ superior a la media blanca y es abrumadora su presencia en las facultades científicas de las mejores universidades de la nación.
Es evidente que los Estados Unidos, la primera potencia del planeta en nuestro tiempo, posee síntomas clarísimos de grandeza —no tiene que recuperar lo que todavía no ha perdido—, pero si la Casa Blanca quiere preservarlos, lo inteligente no es erigir muros contra los latinos y cerrarles las puertas, sino tender puentes, abrirles las casas de estudio y alentarlos a desempeñar un brillante papel en el país para beneficio de todos.

 

Carlos Alberto Montaner
Infobae

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