Santa Cruz de la Sierra

Coraje: Graba su violación y logra que condenen al autor

VÍCTIMA. Lillian Constantine, de 19 años, vivió un horrible proceso tras el hecho, pero logra que condenen a su violador. VÍCTIMA. Lillian Constantine, de 19 años, vivió un horrible proceso tras el hecho, pero logra que condenen a su violador.

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Esta es la historia de Lillian Constantine, una británica de 19 años que fue violada en 2016.
Lillian logró que el hombre que la atacó fuera a prisión y ahora con su testimonio quiere animar a otras víctimas de agresión sexual a denunciar los crímenes ante la policía. Constantine habló con la BBC sobre su terrible experiencia. Estas son sus palabras.
Yo quiero que la gente sepa todo lo que pasa después de una violación.
No hablo solo de lo horrible que es que tu cuerpo se convierta en una escena de crimen y que te hagan una y otra vez las mismas preguntas. También hablo de todo lo que tienes que hacer, y, lo más importante, hablo de que las cosas mejoran con el tiempo.
Hace un año, un extraño me violó cuando me encontraba apenas a 60 segundos de mi casa. Yo tenía 18 años.
Había una oscuridad completa y yo le di al botón de grabar de mi celular pensando que el hombre al ver la luz se detendría.
Yo le grité “¡te estoy grabando, te estoy grabando! no te vas a salir con la tuya”, pero me tiró al suelo y me violó sin vacilación.
No duró mucho, pero me dio la impresión de que nunca se acababa.
Cuando ocurrió estaba tan cerca de mi casa... que ni siquiera se me pasó por la cabeza sentir miedo.
Corrí a casa y mis padres llamaron a la policía. Me dijeron que no podía ducharme, cepillarme el pelo o los dientes.
Parece un gran cliché, pero te sientes tan sucia... todo lo que quería hacer era darme una ducha y sacarme todo de encima.
Nos dijeron que fuéramos al Centro de Referencia de Agresión Sexual más cercano, que no abría hasta la mañana siguiente y está a 45 minutos de distancia en carro.
“Mi cuerpo se convirtió en una escena forense” Ese centro es en realidad para hacer un análisis forense de tu cuerpo.
Es surrealista. En el momento en que entras te tienes que desnudar por completo. Te tienes que acostar en una camilla de metal mientras alguien te mete cosas en la vagina.
Miden los hematomas y los cortes hasta el milímetro.
Las mujeres que trabajaban en el centro eran muy amables. Conversamos sobre mis tatuajes y me hicieron sentir muy segura.
Me hicieron un test de enfermedades de transmisión sexual, una prueba de VIH y un test de embarazo.
También me dieron un tratamiento con pastillas llamado profilaxis post-exposición, para evitar el contagio por el virus VIH. Ni siquiera sabía que eso existía. Después tuve que tomarlo tres veces al día durante un mes.
La medicación me dio náuseas y mareos, y mientras la tomaba tenía que ir al médico para hacerme pruebas. Así que durante ese primer mes me pincharon y miraron constantemente.
“Como una rata de laboratorio” Pasé de ser una estudiante normal y corriente que iba a clases a alguien que visitaba comisarías. Me sentía como una rata de laboratorio.
No puedo ni contar las veces que le conté mi historia a la policía.
Una vez me hicieron preguntas extremadamente íntimas sobre la violación.
“¿Te subió o te bajó la falda? ¿Te penetró de este lado o del otro?”.
No me esperaba eso en absoluto. Lloré con histeria y pensé: “yo no me puedo hacer esto a mí misma”. Y en ese momento pensé en retirar el caso.
 Solo un 15% lo denuncia. No soy la única que lo considera. Hay tantas personas que fueron agredidas y no dicen nada... Pensé, ¿por qué no puedo yo ser una de esas? ¿por qué tengo que hacer esto?
Según la organización británica Rape Crisis solo aproximadamente un 15% de quienes experimentan violencia sexual deciden denunciarlo con la policía. Mientras que en ese país solo un 5,7% de los casos denunciados acaban en una condena.
Pero al final ese plan de “dejo el caso” solo duró una semana.
Pensé “si tienes la oportunidad de sacar a ese criminal de las calles, tienes que intentarlo”.
“Si puedo hacer esto, puedo hacer cualquier cosa” En cierta manera quería demostrarme algo a mí misma. Recuerdo estar sentada en mi cama y pensar: “si puedo hacer esto, puedo hacer cualquier cosa”.
Sin el video que grabé, quizás nunca hubieran encontrado a mi atacante.
En el juicio lo utilizaron como evidencia clave.
Mi agresor se declaró culpable de algunos de los cargos y fue condenado a 13 años.
En el juicio yo estaba con mi madre, mi asistente social y otra gente que me ayudó y pude ver el alivio en sus caras: todos esos meses de estrés y anticipación terminaron de repente.
Así me sentí yo también: un alivio abrumador. Sentí que se cerraba un ciclo. Ahora podía seguir adelante con mi vida.

 

TEXTO: bbc.mundo

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