Santa Cruz de la Sierra

El sueño del bandolero (81)

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Curiosamente, no encuentro al taxista don Braulio Robles quien, recordémoslo, me juró que me iba a acompañar a todos lados como el fiel y servicial Sancho Panza. Camino al condominio Siena y una vez sentado en mi escritorio me pongo a escribir la columna para el periódico de mañana, pensando en lo que me dijo mi esposa Emmita: “Tenés que terminar lo que empezaste”. Cuando al fin, tras un esfuerzo considerable, dejo mi casa para ir a recoger a mi hijito Sebastián del colegio “Adolfo Kolping”, constato para mi disgusto que don Braulio no me está esperando. Así que otra vez tengo que caminar. Al llegar al colegio, veo a mi hijo cerca del portón con un papel en la mano.
   —Mirá, papá —dice—. Hice otro dibujo para la película de mi tío Tony. ¿Creés que le va a gustar?
   El dibujo es vertiginoso: un antiguo avión está despegando bajo un fantástico cielo color violeta.
   —Claro que le va a gustar, —aseguro—. ¿Por qué usaste ese color tan particular? ¿Qué sucede?
   —Lo que pasa es que todo es iluminada por una bengala —dice mi hijito—. Y el piloto sueña.
   A mitad de camino hacia nuestra casa escuchamos la bocina de la movilidad de don Braulio.
   —Súbanse —nos dice el taxista—. Me va a disculpar, don Allart. Pero creo que mi ausencia estaba más que justificada. Me topé con una mujer de una preciosidad única. Decidí ayudarla.
   —Déjeme adivinar, don Braulio —digo—. Ella es la famosa hembrita fabulosa, ¿no es cierto? Ella fue la razón por la que no me recogió del periódico hace cinco años. Por ella perdí el cuaderno.
   —¿De qué rayos me está hablando? No la he visto nunca antes a esta diosa italiano —jura don Braulio—. ¿Y qué es esa historia del cuaderno que se le perdió por culpa de ella? No tiene sentido.
   Me doy cuenta de que la memoria del taxista es tan defectuosa como la mía. Entonces, me callo.
   —Te habló en italiano y en alemán, ¿no fue así, don Braulio? —dice Sebastián—. Es Liliana.
   —¡Exactamente! —exclama el taxista—. La alcé esta mañana en la plazuela de La Barranca. Me dijo que quería ir a la clínica El Trompillo. Primero lo dijo en alemán y no entendí absolutamente nada. Menos mal que luego me lo repitió en italiano. Oiga, don Allart, pensé que usted era una especie de genio lingüístico. Se jacta siempre de su gran conocimiento del italiano. Sinceramente, nunca me había dado cuenta, pero se parece mucho al español. Es el idioma más fácil del mundo. De todas maneras, ella se llama Liliana y su hermano está internado en la clínica. Continuará.

Visto 353 veces Modificado por última vez en Jueves, 16 Mayo 2019 15:16

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