Santa Cruz de la Sierra

El sueño del bandolero (101)

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Quiero saber cómo el urubicheño Dámaso Vaca pudo intuir que lo que el bandolero Hurtado ya había anticipado en su sueño, es decir, el malogrado atentado contra un importante político local, en realidad sucedería recién anoche. El cineasta Tony Peredo se limita a citar el famoso refrán de los guarayos: “Ko ar+ ogwata tenonde kot+ ipa kot+ avei”. Es verdad, el tiempo es una proyección de la menteque no sólo corre hacia adelante sino también hacia atrás. Al despedirse, Tony dice:
   —Ah, sí, querido amigo, casi se me olvida. Reconocí a los dos policías que me interrogaron. Uno era flaco y huesudo y el otro cojeaba. Eran muy parecidos a cómo yo me los había imaginado.
Ahora decido llamar al taxista don Braulio Robles para que me recoja del periódico. Me dice, para mi disgusto, que no puede porque está con “una hembrita fabulosa”. No me queda otra que agarrar un taxi  cualquiera en la avenida Monseñor Rivero. Pongo la computadora, el cuaderno y algunos libros en  mi cartera. Digo chau a mis colegas y dejo la redacción. Llegado a la Monseñor Rivero esquina Cañada Strongest miro un momento atrás. Veo al sargento don Marcelino y al soldado robusto (y cojo) bajando de un patrullero, frente a la sede de “La Estrella del Oriente”. Hago señas a una cacharra,que se detiene con un chirrido espantoso. Me subo y, siguiendo una vieja rutina,digo al taxista que primero me lleve a la guardería “Pasitos” y después a la avenida La Barranca. En vez de contestarme, el tipo se pone a cantar una canción alemana. Escucho con atención. No sé si la canción realmente existe. Quizá el hombre se la esté inventando en este mismo momento. De todas maneras, habla de“nuestra avenida infinita” que, curiosamente, es el título de una colección de relatos míos. Le pregunto si la canción es suya, pero el taxista sigue absorto en el canto. Prácticamente, durante toda la carrera me ignora, hasta que llegamos a “Pasitos”. Parando frente a la guardería, me dice con un acento raro y familiar a la vez: “Disculpe, todo el tiempo lo estuve observando en el espejo retrovisor. Usted sería un excelente personaje para una novela literaria, ¿sabe?”. No sé qué decirle. La zozobra es demasiado fuerte. Me bajo del auto, dejando la cartera en el asiento trasero. Balbuceando, pido al extraño tipo ese que me espere un momento. Entro a la guardería. Los loros, las parabas y los tucanes, en tanto, están armando un tremendo alboroto en el patio. Continuará.

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