¿Cómo sabe nuestro cerebro qué es lo que tiene que escuchar?

Escuchar es algo que hacemos de forma natural. Pero es más complejo de lo que pensamos. ¿Cómo hace nuestro cerebro para centrar su atención en lo que queremos oír a pesar de haber tantísimo ruido? Escuchar es algo que hacemos de forma natural. Pero es más complejo de lo que pensamos. ¿Cómo hace nuestro cerebro para centrar su atención en lo que queremos oír a pesar de haber tantísimo ruido? foto: Referencial

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Imagínate en un café. Escucha a los camareros pasando a tu lado, con sus ropas rozando las sillas. En la mesa de al lado hay una pareja de amigos, riendo a carcajada limpia, mientras que al otro lado del ventanal, un enorme camión renquea por una calle llena atascada con los coches. Todo esto está aderezado con la música del local y el constante tintineo de las cucharillas golpeando las tazas. Sin embargo, la conversación con tu interlocutor es fluida, sin que nada de esto impida la comunicación. ¿Qué maravillosa habilidad tiene nuestro cerebro para manejar la situación y hacer que oigamos justo lo que queremos oír?

Mapas musicales en el cerebro

No hace falta que nos vayamos a un concurrido café en el centro de la ciudad. Imaginemos una orquesta: podemos prestar atención a un solo instrumento si queremos, “apagando” el sonido del resto de músicos. Y sin esfuerzo alguno, nada más que poniendo nuestra atención donde queremos. Esto, como podéis imaginar, es toda una proeza.

¿Y cómo lo hace nuestro cerebro? Un grupo de neurocientíficos de la Universidad Carnegie Mellon y la Universidad Birkbeck de Londres ha desarrollado un método para determinar este fenómeno. Básicamente, lo que ha hecho es “mapear” la actividad cerebral de forma no invasiva para encontrar la respuesta.

Los resultados han sido publicados en el Journal of Neuroscience, y muestran varios hechos interesantes. La corteza cerebral contiene muchos mapas conocidos como “tonotópicos”, que hacen referencia a una gran diversidad de frecuencias auditivas. Cada mapa representa algo parecido a una frecuencia de radio antigua, con bajas frecuencias en un extremo y altas en el otro. Estos mapas se componen en la corteza como si fueran piezas de un rompecabezas en la parte superior de los lóbulos temporales del cerebro.

Al escuchar las melodías a diferentes frecuencias, las partes de los mapas “sintonizados” a dichas frecuencias se activan. Pero no solo escuchar la música activa esas áreas. Con prestar atención a lo que querían escuchar, las zonas relacionadas con estos mapas tonotópicos se iluminaban en el escáner de los voluntarios, así como otro montón de neuronas de parte del córtex donde la información musical es procesada.

En definitiva, lo que vieron en el experimento es que dichos mapas son los que registran el sonido concreto cuando queremos atender solo a este. Mientras tanto, el resto del cerebro se prepara y activa estas regiones en las que prestamos atención, “silenciando” el resto de los sonidos.

El secreto de la mielina

Nuestras neuronas son unas células súper especializadas, y también muy delicadas, razón por la que están recubiertas por una especie de vaina conocida como mielina. Esta es esencial en su funcionamiento. Pero, además, también tienen un sentido en la detección del sonido, según vieron los investigadores.

Los mapas de mielina, es decir, donde haya más de esta cubierta que rodea a la neurona, están relacionados con los mapas tonotópicos. De esta forma, donde hay más mielina también se muestra una mayor preferencia de las neuronas por unas frecuencias particulares, según observaron.

 “Es emocionante porque hemos encontrado algunos defectos compartidos en el cerebro auditivo”, explicaba para la prensa Frederic Dick, profesor de Neurociencia Auditiva Cognitiva. “Al igual que ocurre con la tierra, donde la combinación de suelo, agua y aire mejora algunos terrenos para cultivar un cierto cultivo, los neurocientíficos podemos comenzar a comprender cómo aparece el “terreno fértil” para aprender nueva información en el lenguaje o la música“.

Este terreno fértil, explica el profesor, estaría relacionado con estos mapas de mielina. Así, el funcionamiento musical también está aportando información interesante sobre el aprendizaje, algo que, como vemos, está directamente ligado a la atención que ponemos sobre las cosas a un nivel neuronal muy íntimo.

Déficit de audición

¿Qué ocurre cuando perdemos capacidad auditiva? Por desgracia, las razones para perder audición son muchas y muy diversas. Desde la pérdida por culpa de un trastorno en el nervio auditivo, el daño en los tímpanos o la pérdida de función cerebral auditiva, la cuestión se hace difícil de afrontar.

Este estudio, por ejemplo, enfoca un punto de vista distinto, alejado de la salud auditiva tradicional, centrada en los oídos. Porque el fallo, como explican en el artículo, podría provenir del cerebro. Un cerebro con problemas para procesar esta información podría mostrarse como una persona que no oye bien, aunque sus oídos funcionen perfectamente.

Este déficit puede manifestarse como un problema de audición selectivo, como se puede apreciar en muchas personas mayores. Pero, además, esta patología se muestra en muchos otros casos asociados con cosas tan dispares como son los ataques al corazón, la depresión, el aislamiento social o la demencia. Y ahora sabemos mejor por qué.

Si el proceso está en el cerebro, aunque nuestros oídos estén bien, no podremos procesar la información y dichos mapas tonotópicos no servirán de nada o no se activarán correctamente. Esto es esencial para comprender mejor el trastorno de déficit de audición así como otros problemas neurológicos asociados. Esto, unido a los tremendos avances que vivimos en la audioprótesis nos llevará, en un futuro, a solucionar la gran mayoría de estos problemas.

Redacción: Leo.com.bo                                              

Fuente: isalud.com

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