Santa Cruz de la Sierra

El laberinto móvil (IV)

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El taxista don Braulio Robles le dice al hombre anciano de la escuela de natación: “Las alas de cera no sirven en el clima de Santa Cruz de la Sierra. Se derriten enseguida, hasta en la sombra.” Luego el cineasta Tony Peredo le dice: “Me va a disculpar, pero ¿puedo llamarlo ‘Arqui’? Para mí, usted es un héroe, el arquitecto de uno de los arquetipos más hermosos de la memoria humana.” El hombre anciano murmura, no sin irritación: “No soy un arquitecto. Soy un artesano.” Ahora me mira a mí y dice: “Me gustaría hacer un busto de usted. Tiene cara de toro.” El urubicheño Dámaso Vaca se mata de la risa. “Por eso le decimos don ‘Bulle’”, explica. El hombre anciano le dice a mi hijito Sebastián: “Bueno, príncipe, si no quiere la moneda de Cnosos ni mis alas de cera, por lo menos hágame el favor de relajarse un ratito en mi piscina.” Para nuestro asombro, Sebastián contesta: “No, gracias. Estoy buscando el mar y lo voy a encontrar.” El hombre exclama: “¡Espere, príncipe! ¡Deme una última oportunidad! Tengo el obsequio perfecto: un hacha doble para asustar a cualquier monstruo que se cruce en su camino.” Dámaso comenta: “No lo necesitamos tampoco. Don ‘Bulle’ es nuestro ‘espantamonstruos’.”
Después de despedirnos del hombre anciano, don Braulio le dice a Sebastián: “Sé a dónde querés ir, pibe. Pero Santa Cruz de la Sierra no tiene mar. Es la única cosa que nos falta.” Mi hijo dice: “Manejá nomás. Mi corona nos va a guiar.” Huelga mencionar que la zona detrás de la escuela de natación también es una red inextricable. “Quizás convenga seguir la letra griega ‘delta’ que está pintada en cada esquina”, sugiere el cineasta. Al cabo de un par de minutos notamos que la letra ‘delta’ paulatinamente va cediendo espacio a la letra ‘kappa’. “Tengo sed. Me gustaría tomar un vaso de ouzo griego. Ojalá de la marca Mini”, medita el taxista don Braulio.
“¿Dónde queda la salida del canal Isuto? Me temo que esta vez estamos realmente perdidos”, me lamento yo. “Veo un canal. Miren allí abajo”, dice el cineasta Tony Peredo. No es el canal Isuto, ni el de San Aurelio y tampoco el del ingreso del barrio de Equipetrol. Lo reconozco, aunque hayan pasado casi veinte años desde la última vez que lo vi durante un espléndido viaje que hicimos con mi esposa Emma. Reconozco el trazado del estrecho marítimo artificial, basado en un sueño que tuvo el emperador Nerón. Es el famoso canal de Corinto. Continuará.

 

Allart Hoekzema Nieboer MIGAJAS

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