Santa Cruz de la Sierra

¿Y si aceleramos América Latina? Entre la industria 4.0 y la sociedad postsalarial (II)

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El brutal contraste con Asia merece un repaso histórico: ambas regiones comenzaron su proceso de industrialización en la década de 1960, aprovechando primero las políticas norteamericanas de fomento en el contexto de la Guerra Fría, y luego el ciclo de deuda barata y offshoring que llevó a las principales firmas del mundo desarrollado a trasladarse a la periferia en busca de costos laborales más bajos. Desde entonces, señala Irmgard Nübler, América Latina y Asia compartieron su condición de ‘países de ingresos medios’ y poco más. Los países asiáticos aprovecharon su desarrollo tardío para incorporar mejor las innovaciones tecnológicas, tal como lo habían hecho Japón y Alemania a mediados del siglo XIX. La robotización y las formas de contratación posfordistas de la década de 1980 encontraron un laboratorio formidable en el sudeste asiático, al punto de que Corea del Sur cuenta, ahora mismo, con la industria más robotizada del planeta.
América Latina, en cambio, se recostó sobre su histórica ventaja comparativa: los recursos naturales. A la salida de la crisis política y económica de las décadas de 1970 y 1980, se reintegró al comercio mundial como proveedor de productos primarios a China. Si tomamos los factores de Coremberg, su crecimiento se sostuvo del capital no TIC, el desarrollo de bases de datos y la incorporación de trabajadores. Este último factor se está agotando: la cantidad de trabajadores jóvenes para incorporar al mercado se reduce a medida que la natalidad de la región cae: de 3,6 nacimientos por mujer en 1985 se pasó a 2,1 en la actualidad. Una salida para esa situación sería el mejor aprovechamiento de la mano de obra femenina, subutilizada en la región.
Pero si se trata de incorporarse a la industria 4.0, América Latina no puede seguir confiando en su reserva de trabajadores baratos y recursos naturales. En materia de investigación, desarrollo y formación de recursos humanos, la región tiene problemas estructurales: menos de 1 de cada 10 hogares pobres latinoamericanos tiene conexión a internet, según datos del Banco Mundial. El freelancismo está subdesarrollado en la región y la mayor parte de su emprendedorismo es de subsistencia. América Latina, dice Senén Barro, es una región con muchos emprendedores y poca innovación.
El grado de inversión privada en innovación de productos, procesos y servicios, es bajo incluso entre multilatinas. El desinterés empresario hace caer todo el peso de la innovación en las universidades que, en la actualidad, desarrollan el 50% de la investigación. El 80% de las publicaciones científicas absorben el 30% del presupuesto en I+D y monopolizan la formación de recursos humanos. Proyectos como el programa agricultura de precisión en Instituto de Automática de la Universidad de San Juan (Argentina) que desarrolla robots móviles terrestres y aéreos para mapear cultivos, o el Proyecto Irazú de satélites para monitorear el cambio climático en los bosques desarrollado por el Tecnológico de Costa Rica, son buenos ejemplos de esfuerzos públicos regionales de un sector (la robótica agrícola) que en el mundo aspira a facturar 1,5 billones de dólares al año. Cuando el 67% de las firmas brasileñas afirman tener problemas para encontrar personal calificado, parecen omitir la responsabilidad que les cabe en ello...

Alejandro Galliano,
Nueva Sociedad

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