Santa Cruz de la Sierra

El reto ético de la eutanasia: ‘Corredor de la muerte’ o ‘modo humanizado de morir’

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“Un corredor de la muerte voluntario”o “una ocasión para crecer como persona y como país”. Las comillas hablan de una palabra asociada históricamente al debate: eutanasia.
Para el griego antiguo es la ‘buena muerte’.
Para la RAE es la “intervención deliberada que pone fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura y sin sufrimiento físico”.
Para las leyes de Bélgica, Holanda o Luxemburgo es todo lo anterior, siempre que “el paciente lo haya pedido de manera expresa, seria e inequívoca” y haya informes médicos que certifiquen el padecimiento.
Diecisiete intentos parlamentarios y muchos años después, el pasado jueves la sede de la soberanía popular aceptó discutir el asunto escaño a escaño. Así, por primera vez, España abre la posibilidad de legalizar la eutanasia, una práctica castigada con varios años de cárcel.
Zarandeada por las ideologías y las religiones, la despenalización de la eutanasia siempre genera conflicto: el derecho a decidir sobre la propia vida o la consagración de la ‘cultura de la muerte’. La izquierda a favor, la derecha en contra...
Pero, ¿qué dice la gente? Según la última encuesta disponible (Metroscopia, febrero 2017), el 84% de las personas contestó ‘sí’ a la pregunta: “¿Debería tener derecho un enfermo incurable a que los médicos le proporcionaran algún producto para poner fin a su vida sin dolor?”.
Y, hoy, ante una posible despenalización de la eutanasia, ¿qué piensan quienes la tratan de cerca? ¿qué saben los pacientes, las familias, la medicina, la psicología o la filosofía?
“Llega un momento en que valoras que tu vida ya no tiene sentido, que no puede ser calmada solo con cuidados paliativos y que estás dejando de ser tú mismo. Te sientes dueño de tu vida para finalizarla sin trauma. La legalización es una ocasión para crecer como persona y como país, porque no impone a nadie la eutanasia o el suicidio asistido. Es el derecho a un dictamen libre”. Habla Manuel Nevado, coordinador del curso Intervención en proceso de duelo y buena muerte del Colegio de Psicólogos de Madrid. Tras años escuchando a enfermos de ELA, alzheimer o cáncer, Nevado dice que en personas con enfermedades que degeneran su cuerpo y no su mente, la muerte elegida responde a pensamientos madurados. “No están locos, saben lo que supone su decisión. Pero no pueden llevarla a cabo”. “Recuerdo una enferma de 53 años con esclerosis múltiple que no quería seguir viviendo porque ya no podía ni tragar. Tenía la cabeza en perfecto estado. No podía suicidarse y le pidió al marido que lo hiciera. Pero él no pudo. Al final, murió por una parálisis del sistema respiratorio. Fue el sufrimiento psicológico de alguien que había perdido toda capacidad física. ¿Por qué no respetar una decisión serena o morir solo en la clandestinidad para evitar que la familia sea acusada?”, sostiene Nevado.
Rafael Mota, presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, tiene otra visión. “Cuando un enfermo ingresa en cuidados paliativos te dice que así no se puede vivir. Cuando lleva un tiempo bien tratado, con buenos apoyos y buen abordaje terapéutico, deja de pedir la muerte. Llevo 17 años viendo enfermos en estado terminal y sé que la gente no quiere morir, lo que no quiere es sufrir. Quiere vivir”. Mota pone por delante su “respeto” a quien reclama la eutanasia, pero cree que hay un debate anterior. “Defendamos un buen sistema de cuidados paliativos y luego ya veremos. No hay un sistema equitativo y adecuado; dependiendo de dónde vivas tienes mejores o peores cuidados. Los cuidados paliativos ni siquiera son una especialidad. Cuando hay atención de calidad, se sufre menos y no se pide la eutanasia. Mucha gente muere con sufrimiento porque no puede acceder a cuidados paliativos. En España se muere mal”.
El Foro Español de Pacientes, que reúne a asociaciones de enfermos de cáncer, fibromialgia, linfoma, hemofilia, hipertensión, reuma, parkinson o epilepsia, defiende el “derecho a una muerte digna”, que solo está regulada “en la mitad de las CCAA”.
Mercedes Maderuelo, vocal y responsable de Comunicación del Foro habla de “impulsar una especialidad como la de Cuidados Paliativos, que solo en La Rioja y Cataluña supera la unidad por cada 90.000 habitantes”. “En modo alguno disponiendo de los actuales medios, es admisible el sufrimiento ni físico ni emocional del paciente terminal que no tenga opción de mejoría o de vivir dignamente”. Y cita la Ley de Autonomía del Paciente, que avala la “toma compartida de decisiones” como un derecho del paciente. “Por eso, en una cuestión como esta, el derecho del paciente gana aun más peso, si bien admitiendo la objeción de conciencia del profesional y estableciendo las medidas de control oportunas”.
En Barcelona funciona desde 2012 un colectivo que acompaña en el duelo a familiares de personas que se han suicidado y que ayuda a prevenir ese tipo de muerte. Se llama Después del Suicidio-Asociación de Supervivientes, y Cecilia Borrás, la psicóloga que la dirige, tiene muy claro que hay dos realidades opuestas: “Una cosa es el suicidio, que es una tragedia, un impacto brutal, un trauma y una devastación. Y otra es la eutanasia y el suicidio asistido, que se dan cuando hay una irreversibilidad, una no solución, un dolor insoportable que no va a cambiar. Todos tenemos derecho a morir dignamente. Se trata de ver el acto de morir como acto de vida”. Para Borrás, la legalización de la eutanasia sería “un avance”. ¿Y por qué cuesta tanto despenalizarla? “Porque el concepto de vida aún pertenece a la religión y esta dicta que tenemos la vida por un don divino. Y que quede claro que las creencias religiosas son muy respetables. Somos un país aconfesional según la Constitución, pero el contexto cultural sigue haciendo difícil regular cuándo abandonar la vida”.
La Iglesia es una de las voces más duras contra la eutanasia. Y para muestra, un tuit de José María Gil Tamayo, secretario de la Conferencia Episcopal: “La eutanasia es todo un monumento a la insolidaridad y al descarte humano que promueve un falso derecho (fake rigth) y un corredor de la muerte voluntario. ¡No hay derecho!”.
En el libro Las cinco invitaciones, Frank Ostaseski, profesor de budismo, fundador de la residencia Zen Hospice Project y creador del Metta Institute de California, escribe: “Una sabia apertura a la muerte afirma la vida. No puedes estar del todo vivo sin ser consciente de la muerte”.

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