Santa Cruz de la Sierra

El túnel de los maestros (II)

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Mi hijito Sebastián, quien nunca ha sido un alumno ejemplar, quiere alejarse lo más pronto posible del kínder alemán. “Vamos, papá. Quiero ir a la casa. Quiero jugar con los gatos en el patio”, dice. Su profesora nos dice: “¡Esperen! Quisiera hablar de un problema que seguimos teniendo con el niño. Sebastián no me hace caso. Prácticamente, no obedece jamás.” El taxista y flamante político don Braulio Robles le comenta a mi hijito: “El que nunca ha aprendido a obedecer, no puede ser un buen líder.” Yo le digo a la profesora: “Su ídolo Maquiavelo decía que la persona que quiere ser obedecida debe saber mandar.” La profesora me contesta: “Estoy hablando seriamente, ‘Herr’ Hoekzema Nieboer. Creo que Sebastián necesita una maestra integradora.” Pregunto: “¿Maestra? ¿Tiene que ser sí o sí una mujer?” Ella me pregunta: “¿Qué significa? ¿Acaso tiene algo contra las mujeres?” Oigo a alguien reír. Es el cineasta Tony Peredo, quien le explica a la profesora: “Los holandeses son bastante misóginos. Los sicilianos somos así también.” Yo insisto: “Prefiero buscar a un maestro hombre.” Tony dice: “La única diferencia entre los holandeses y los sicilianos es que ellos, encima, son sumamente tercos.”

De vuelta en nuestro barrio El Trompillo y recorriendo el último tramo de la avenida La Barranca hasta mi casa en el condominio Siena, don Braulio observa: “Esas losetas son dañinas. Causan unos temblores tremendos. Mi primera medida de presidente será asfaltar la avenida.” Entramos todos a la casa y Sebastián corre hacia el patio en busca de los gatos. “¡Papa, vení! ¡Se escaparon por un túnel!” Resulta que una parte del patio se hundió. Tony mira al taxista y le pregunta: “¿Será por los tremendos temblores de las losetas de la avenida?” Debajo del piso se entrevé una estructura abovedada. Una empinada escalera nos lleva a un amplio y largo pasadizo revestido con ladrillos y bien iluminado con antorchas. Caminando sobre adoquines florentinos nos topamos con un hombre ensabanado. “Se parece a un filósofo de antaño”, susurra el cineasta Tony Peredo. “¿Viste a mis gatos? Son tres. Minnie es negra, Rosy es anaranjada y Blanqui es blanco. ¿Pasaron por aquí?” le pregunta mi hijito Sebastián a este curioso hombre, quien responde: “Vi a tres lindos animales. Dos eran gatos, pero para saber y verificar si el tercero era gato también francamente se hubiera necesitado un cuarto.” El cineasta exclama: “¡Es el famoso argumento platónico del tercer hombre aplicado a tres gatos! ¡Les dije que el hombre era un filósofo de antaño!” Continuará.

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