Santa Cruz de la Sierra

El túnel de los maestros (IV)

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Decidimos volver a mi casa a través de la misma ruta secreta bajo tierra. El cineasta Tony Peredo, mi hijito Sebastián y yo llevamos cada uno a un gato en los brazos. El taxista don Braulio Robles y el maestro ensabanado tienen las manos libres. A mitad de camino encontramos a otro hombre ensabanado. El flamante maestro integrador de Sebastián nos dice: “Él es mi colega. Lo pueden llamar maestro Beta.” El cineasta le comenta: “Entonces, usted es el maestro Alfa, me imagino.” Yo, a mi vez, le digo al maestro Alfa: “Somos unos malcriados. Hemos bebido y comido juntos y nunca nos hemos presentado. Yo soy…” El maestro Alfa me interrumpe: “Ya lo sabemos. Usted es el esposo de la nieta del doctor Horacio Sosa, el famoso político cruceño de los ‘cambas patazas’.” Ahora se dirige a don Braulio: “A propósito, el gran maestro Beta es asesor político también. Le aconsejo contratarlo.” El taxista le pregunta al maestro Beta: “¿Usted es un asesor tan capo como el asesor de mi adversario en las elecciones del barrio?” El maestro Beta mira al maestro Alfa y luego le dice a don Braulio: “Los dos somos buenos maestros, pero muy diferentes. El maestro Alfa cree en la existencia de leyes universales y eternas en la política. Yo, no. Yo no creo que la historia se repita ni que el hombre no cambie nunca. Pienso que cada situación política es nueva y única. Es todo un asunto de caso por caso.” El taxista le pregunta: “¿Qué me aconseja? ¿Qué tengo que hacer para ganar las elecciones?” El maestro Beta contesta: “Seguir a la perfección la estrategia del doctor Horacio Sosa, es decir, organizar una fiesta e invitar a todo el barrio, a sus expensas. Le garantizo que esta vez funcionará.”
Al día siguiente, al recoger a mi hijito y a su maestro integrador, la profesora alemana me dice: “No fue un éxito, me temo.” Yo digo: “Pero el maestro Alfa es bastante maquiavélico y usted ama a Maquiavelo.” La profesora explica: “El maestro integrador de Sebastián confunde la educación con la política. Lamentablemente, su hijo le pegó a un compañerito. ¿Y sabe qué le dijo su maestro integrador? Dijo, literalmente, ‘nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira’. ¡Sumamente inmoral y antipedagógico!” Me siento mortificado. Pero don Braulio, no. “Qué frase tan buena”, comenta el taxista. Y luego le dice a la profesora del kínder alemán: “Es el perfecto ejemplo del cinismo político. Brillante, realmente. ‘Realpolitik’. Así lo definen ustedes, ¿no es cierto?” Continuará.

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