Santa Cruz de la Sierra

Dos años de Temer

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Al asumir, hace dos años, Temer prometió armar un gobierno “de notables”. Lo que hoy existe es un gobierno plagado de denuncias de corrupción, con ministros que tan pronto dejen sus puestos y pierdan el foro especial estarán en manos de la justicia de primera instancia. Destino, a propósito, al que está condenado el mismo Temer, que responde por dos denuncias y ve una tercera asomándose en el horizonte, congeladas mientras él sea presidente.
La tan mencionada “reanudación económica” es otra mentira. El déficit primario del gobierno central deberá rondar los 139 mil millones de reales, lo que significa, al cambio actual, unos 37 mil 500 millones de dólares. El crecimiento del PIB, alegremente anunciado como de 3% este año, difícilmente alcanzará 2%. Los más cautos dicen que un crecimiento de 1,5 ó 1,7% sería la proyección más prudente.
Es verdad que la inflación se mantuvo a niveles inéditos. Ocurre que el fenómeno se debe mucho más a la recesión, que alejó del consumo a la mayoría de los brasileños. Que, a propósito, dicen que el gobierno de Temer es pésimo (70%) y le reprochan masivamente su persona (82%).
En sus delirios palaciegos, Temer anunció que pretende presentarse a la reelección. Los sondeos indican que, hoy por hoy, 1% de los brasileños dicen que votarían en él.
La celebración de dos años de hundimiento nacional antecedió, en cinco días, el hundimiento de su gobierno: el jueves 17 de mayo marcó el primer aniversario de divulgación de una conversación entre Michel Temer y el empresario Joesley Batista, en los sótanos del palacio presidencial. Entre otros maravillosos registros, la grabación clandestina que Batista realizó muestra cómo Temer lo aconseja a seguir comprando el silencio del principal operador del golpe institucional, Eduardo Cunha, quien presidió la Cámara de Diputados en la época de la destitución de Dilma Rousseff y desde octubre de 2016 ocupa una celda, condenado (hasta ahora: hay otras acusaciones) a catorce años y medio de prisión por corrupción.
La verdad es que, en Brasil, no hubo ni hay nada para ser celebrado. El país retrocede en alta velocidad, y los más damnificados son los de siempre: los de abajo.  Temer insiste en decir que defiende su legado. ¿Cuál legado?
También dice que sabe cuál será su lugar en la historia. ¿Estaría, en un brote inesperado de sinceridad, refiriéndose al bote de basura de la historia?.

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