Santa Cruz de la Sierra

Los maniquíes (I)

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Mi hijito Sebastián, quien como todo niño atrae la buena suerte, ganó no hace mucho un libro en una rifa organizada por el generoso kínder alemán. El libro se titula ‘Des Kaisers neue Kleider’, y Sebastián lo lleva consigo por dondequiera que vayamos. Ahora estamos en el restaurante chino ‘Hua Yuan’, sobre la calle Carlos Melquíades Barbery, frente al variado mercadito El Trompillo. “Papá, ¿me leés el cuento por favor? Leer en alemán me cansa mucho”, dice mi hijito. Armando, el dueño del restaurante, dice: “No seas cómodo. Todo cuesta en la vida.” Yo coincido: “Sobre todo leer en alemán.” Armando prosigue: “El hombre superior piensa en la virtud, el hombre inferior piensa en la comodidad.” El cineasta Tony Peredo, mi gran amigo y el hombre más lejano del concepto del ‘salvaje’ que conozco en este mundo, pregunta: “¿Confucio?” El dueño chino inclina la cabeza. El cineasta agarra el libro. “¿Permiso?” le dice a mi hijito, quien exulta: “¡Sííí! Mi tío Tony nos va a leer el cuento del traje nuevo del emperador en alemán.” Tony se disculpa: “No, quiero ver las ilustraciones nomás. Yo, leyendo alemán en voz alta, eso realmente sería un espectáculo penoso y encima anti-higiénico con todos esos sonidos guturales. Quizá nuestro confuciano quiera hacer un esfuerzo…” Armando dice: “No, gracias. Yo paso. Pero siempre me ha gustado la historia. El emperador vanidoso me recuerda a usted, Tony. A usted también le encanta comprar y estrenar ropa.” El cineasta se ríe y reconoce: “Ay, sí, es verdad. Es por mi sangre italiana. Pero yo gasto menos que el emperador, porque tengo un sastre chino.” El dueño del restaurante ‘Hua Yuan’ dice: “Está hablando de Alfredo, del mercadito El Trompillo, ¿no es cierto? Lo conozco. ¿Sabe que está por cambiar de oficio?” Tony pregunta, no sin pánico: “¿Qué va a hacer?” Armando responde: “Va a abrir un negocio aquí al lado, donde había una peluquería, ¿se acuerdan?” Tony pregunta, no sin impaciencia: “¿Qué tipo de negocio?” El dueño chino explica: “No me lo quiso decir. Algo misterioso. Pero hoy lo vi entrar a Alfredo a su tienda nueva con una carga interesante. Es decir, con tres maniquíes de fibra de vidrio. Dos altos y uno bajito.” El cineasta Tony Peredo ahora dice, no sin esperanza: “A lo mejor va a cambiar de lugar, pero no de oficio. Los maniquíes me parecen perfectamente compatibles con el trabajo de sastre.” Yo digo: “¿Saben que la palabra maniquí proviene de la palabra holandesa ‘manneke’ o ‘mannetje’? Significa hombrecillo.” Mi hijo dice: “Mi papá me llama siempre ‘mannetje’. Soy un maniquí, como el tío Tony.” Continuará.

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