Santa Cruz de la Sierra

¡Bzzzz! (III)

“Cuando un mosquito vuela cerca de mis orejas comienzo a ronronear. Hago ‘¡prrrr!’ y así ya no lo escucho. Pero cuando me despierto en la mañana, siempre tengo un montón de picaduras. Hoy también, mirá”, le dice mi hijito Sebastián al taxista don Braulio Robles, quien responde: “Ya lo creo, porque vos sos ‘Die Katze Bastian’. En cambio, a mí no me pican nunca. El sabor de mi sangre debe ser feo. Pero los escucho por la noche, es un sonido sumamente desagradable e irritante. Anoche me enloquecieron.” Yo digo: “Quizá sea realmente algo imaginario. Tal vez el sonido exista solamente en su cabeza, don Braulio. ¿No será que se puede solucionarlo todo con un par de aspirinas?” Sebastián comenta: “Ay, papá, sos muy tonto. Los mosquitos existen de verdad, mirá el auto de don Braulio, que tiene muchísimas manchas de mosquitos muertos. Son las mismas manchas que tiene la lámpara mágica del kínder. Es una lámpara con una luz azul. La maestra la compró donde mi tío Armando.” El taxista pregunta: “¿Estás seguro, ‘Katze Bastian’?”
Armando es el dueño del restaurante chino ‘Hua Yuan’, situado en la calle Carlos Melquíades Barbery, frente al pequeño pero muy aclamado mercadito El Trompillo. Entrando en su local, don Braulio le dice: “Me aseguran que usted vende lámparas mágicas, con una luz azul.” Armando contesta: “Se refiere a mi lámpara ‘Insect Killer’, me imagino. Me quedan dos, las tengo en el sótano. Es un producto sumamente eficaz. No deja escapar a ningún mosquito.” El taxista explica: “Lo que me interesa a mí es que sea eficaz de noche callándolos inmediatamente a esos malditos bichos.” Mi hijito Sebastián me pregunta: “Me comprás una a mí también, papá?”
Instalamos la lámpara mágica en la habitación de Sebastián, al lado de su cama. Hacia las nueve cantamos su nana favorita de la ovejita ‘Chipi Chapa’ y después de una noche tranquilísima contamos diez mosquitos electrocutadas en la ‘Insect Killer’ y cero picaduras en la piel de mi hijito.
El taxista don Braulio Robles resulta estar mucho menos contento con el producto de Armando. Por segunda vez consecutiva se nos presenta en la mañana con un aspecto cansado. Los horribles síntomas de su misteriosa afección no han desaparecido. Todo lo contrario. El hombre está peor que nunca. “El zumbido casi me mató. ¡Bzzzz! ¡Bzzzz! ¡Gravísimo!” se lamenta. Continuará.

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