Santa Cruz de la Sierra

¡Bzzzz! (IV)

El día pasa sin otras incomodidades. Nuestro hijito Sebastián primero aguanta las cinco horas en el kínder alemán para luego por la tarde ayudar a mi esposa Emma en su taller con los preparativos de la gran fiesta de cumpleaños. El taxista don Braulio Robles hace sus sólitas diligencias, tratando de negar las secuelas de dos noches seguidas sin dormir. Y yo escribo en paz mi artículo para el glorioso diario ‘La Estrella del Oriente’.
Para la cena nos juntamos en el restaurante chino ‘Hua Yuan’ de nuestro amigo Armando, quien nos pregunta: “¿Y qué tal mi lámpara ‘Insect Killer’?” Sebastián responde: “La mía sirve, pero la de don Braulio no.” El taxista le cuenta de su segunda noche consecutiva de insomnio. “Pero en serio, ¿no mató a ningún mosquito mi lámpara?” quiere saber el dueño del restaurante chino. “Bueno, encontré un par de mosquitos electrocutados, pero la verdad es que su lámpara no ha hecho nada para que desaparezca el terrible zumbido”, dice don Braulio. “¿Está seguro de que se trata del zumbido de mosquitos? ¿No es más bien un sonido un poco más agudo como el de un taladro de dentista?” indaga Armando. “No, nada que ver. Ya se lo dije a mis amigos. Es un aleteo grave y alejado que lentamente se me acerca, como un ejército de mosquitos”, explica el taxista. “De acuerdo. Cuando la lámpara ‘Insect Killer’ no da resultados satisfactorios, siempre aconsejo el uso de la pulsera ‘Insect Chaser’, que tiene un pequeño dispositivo que emite sonidos en altísimas frecuencias. Los mosquitos no soportan ese sonido. Los ahuyenta”, dice Armando, quien ahora baja al sótano para luego volver con un ejemplar de la “Insect Chaser’. “¿Puedo escuchar el sonido de la pulsera?” le pregunto a Armando. “Es un ultrasonido en una frecuencia que va más allá de la capacidad de nuestro oído. Solo niños pequeños lo pueden oír”, comenta el dueño de ‘Hua Yuan’. Mi hijito Sebastián agarra la pulsera, la acerca a su oído y exclama: “¡Ay, papá, es horrible! Eso sí que suena como un taladro de dentista.”
Pero resulta ser que en el extraño caso del taxista don Braulio Robles, la curiosa pulsera ‘Insect Chaser’ no sirve tampoco. Ya van tres noches que el pobre no cierra los ojos, acosado por un zumbido tan insondable como insistente. Decidimos volver al restaurante chino de Armando, quien nos dice: “En mi sótano tengo la última opción. Vamos.” Continuará.

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