Santa Cruz de la Sierra
02 Octubre 2017

 Aceptémoslo, todas hemos seguido dietas estrictas y nos hemos sometido a extenuantes rutinas de ejercicios para desaparecer esos rollitos que se forman en el abdomen. Sin embargo, parece que es momento de aceptar algo de grasa abdominal, pues podría ser más saludable que tener un vientre plano, reseñó Eme de Mujer.

Un índice adecuado de grasa corporal beneficia la salud y el buen funcionamiento del organismo.

Según Fredrik Karpe, médico del Centro para la Diabetes, Endocrinología y Metabolismo de Oxford, aquella pancita que el ejercicio no logra desaparecer podría ser una buena señal acerca de la salud de nuestro cuerpo. Aunque sea difícil de creer, la grasa abdominal tiene algunos beneficios para la salud. Por ejemplo, beneficia la producción de estrógeno, la hormona sexual que se deriva del colesterol, por lo que previene enfermedades cerebro vasculares y del útero.

Además, comenta el especialista, el tejido graso no es tan dañino como muchos piensan; sino que es un órgano absoluta y totalmente vital para el cuerpo humano.

Las mujeres necesitamos entre 10 y 12% de grasa corporal para poder mantener una vida sana. Prescindir de ella puede provocar deficiencias en el sistema inmune y problemas en el sistema reproductivo.

Eso sí, tener un alto índice de grasa corporal y altos niveles de estrógeno podría traer problemas en salud. Por ende, lo ideal es mantener la cantidad necesaria que asegure el buen funcionamiento del organismo.

De esta manera, la próxima vez será mejor pensarlo dos veces antes de exponer a nuestro cuerpo a una dieta excesiva que pueda poner en riesgo nuestra salud.

Redacción: Leo.com.bo              

Fuente: imujer.com

13 Septiembre 2017

El estatus social, la personalidad y las acciones que los seres humanos llevan a cabo son determinantes a la hora de definir la calidad alimentaria de cada uno. En general, las preferencias dominantes son las menos indicadas. Los alimentos saturados de grasa, sal o azúcar suelen ser las opciones más elegidas.

Y son las grasas aquellas que se sitúan en el centro de las discusiones de muchos nutricionistas. Algunos aconsejan eliminarlas por completo; otros, en cambio, moderar su consumo. Y desde aquí surge una teoría bastante diferente en cuanto a las recomendaciones generales. Los últimos estudios han revertido la tendencia y reemplazaron la grasa por el azúcar y los hidratos de carbono como los enemigos públicos número uno de la dieta saludable.

"Come grasa para estar delgado, no la temas. La grasa es tu amiga". Este es el slogan utilizado por el National Obesity Forum, que aconsejaba a los británicos perder el miedo a esta sustancia. La nutricionista Zana Morris recomienda en su libro The High Fat Diet uno de los métodos más extremos y polémicos: 10 días siguiendo un régimen bajo en carbohidratos, con una cantidad media de proteínas y alta en grasas, el cual asegura la disminución de 2 o 3 kilos en el cuerpo.

Las pautas fundamentales

Morris aconseja comer queso crema, manteca, palta, crema de coco, carnes rojas y pescados, verduras verdes, aceite de nuez, huevos y algunos quesos (la mayoría considerados alimentos ricos en grasas insaturadas). Entre los que no se pueden comer, aparecen el azúcar o edulcorante, leche, yogurt, fruta, pan, galletitas, papas, pastas, verduras (excepto las de color verde), alcohol o salsas. Y nada de picoteos entre comidas.

¿Cómo funciona?

Al reducir al mínimo los carbohidratos, al cuerpo no le queda otra que quemar las grasas para conseguir energía. Asimismo, la grasa también es muy saciante. "Cuando la mayoría de la gente se embarca en una dieta estricta, terminan anhelando el dulce y picando entre horas. Pero este no es el caso. No es una dieta para pasar hambre", sostiene Morris. De hecho, asegura que muchos que siguen el régimen "terminan comiendo solo dos veces al día".

El completo lo brinda la práctica constante de ejercicio. La pérdida de peso a través de una dieta suele venir acompañado de la pérdida de músculo. Para prevenirlo, realizar actividad física es la mejor decisión.

"Para poder controlar las calorías hay que saber elegir las grasas saludables ya que todos los aceites, sin importar de dónde provienen, tienen aproximadamente 120 calorías por cucharada. El aceite de oliva es una fuente de grasa beneficial, aunque conviene que sea consumido con racionalidad", apuntó Susan Bowerman, experta en nutrición, quien sugirió agregar más grasas beneficiosas a la dieta.

Redacción: Leo.com.bo

Fuente: isalud.com

15 Marzo 2016

La grasa parda, situada en la zona clavicular e intervertebral de las personas, puede servir para regular las fluctuaciones de glucosa, lo que abre una puerta en la lucha contra la diabetes, según un estudio australiano divulgado recientemente.

"Creemos que la grasa parda funciona como un amortiguador de la glucosa, mitigando la fluctuación de sus niveles", dijo a la cadena local ABC el endocrinólogo Paul Lee, del Instututo de Investigación Médica Garvan, con sede en la ciudad australiana de Sídney.

Para esta investigación, que fue publicada en la revista científica Cell Metabolism (Metabolismo celular), Lee y un grupo de colegas midieron continuamente, durante 12 horas, la actividad de la grasa parda, también conocida como tejido adiposo marrón, y el valor que generaba en la piel de 15 personas que gozaban de buena salud.

Los investigadores determinaron que los niveles de glucosa se redujeron con la actividad de la grasa parda en el grupo de personas que tenían una abundante cantidad de este tejido adiposo.

"Estas personas tenían niveles muy estables de glucosa a lo largo del día", acotó Lee, quien destacó que la grasa parda, junto a una dieta saludable y ejercicios físicos, pueden contribuir a luchar contra la diabetes.

Los investigadores también notaron que la actividad de la grasa marrón aumenta al amanecer, lo que fue vinculado a la evolución de los seres humanos que en el pasado cazaban durante las frías mañanas, aunque se cree que ésta estaría disminuyendo en tiempos modernos.

"Quizá el no exponernos al frío por el uso de sistemas de calefacción y de la ropa podrían ser factores que contribuyen con la diabetes", reflexionó Lee, quien precisó que la solución no pasa por pasar frío sino de hallar el detonante de la actividad de la grasa parda.

Estudios anteriores han demostrado que la cantidad de grasa parda aumenta con la exposición prolongada a una temperatura media de unos 19 grados Celcius y disminuye con la exposición a temperaturas más cálidas, agregó la fuente.

Redacción: Leo.bo

 

Fuente: Imujer.com

02 Enero 2015

Las células de grasa que se encuentran bajo la piel, conocidas como adipocitos, producen unas proteínas que defienden a los seres humanos de bacterias y agentes patógenos, según un estudio publicado hoy por la revista científica "Science".

El doctor Richard Gallo, jefe de dermatología de la Universidad de California en San Diego, que lideró el estudio científico, explicó que hasta ahora no se conocía el papel que estas células de grasa jugaban en la protección del organismo.

La investigación se centra en los llamados adipocitos, unas células de grasa cutánea, que producen péptidos antimicrobianos (proteínas de origen natural con propiedades antibióticas) que ayudan al cuerpo a combatir bacterias invasoras y otros agentes patógenos.

"Hasta ahora se pensaba que, una vez que la barrera de la piel se rompía, la responsabilidad de protegernos de las infecciones recaían en los glóbulos blancos, como los neutrófilos y los macrófagos", explicó Gallo.

Sin embargo, se necesita tiempo para que estas células protejan la zona de la herida, así que mientras se preparan para actuar las células de la grasa cutánea asumen un papel protector.

"Demostramos que las células madre de la grasa son las encargadas de protegernos. Fue totalmente inesperado. No se sabía que los adipocitos podían producir agentes antimicrobianos y mucho menos que podían hacer tanto como un neutrófilo", subrayó Gallo.

El estudio recoge el complejo proceso de defensa del cuerpo humano contra las infecciones microbianas, en el que participan diferentes tipos de células que actúan en distintos niveles.

Cuando se produce una infección los neutrófilos y monocitos, dos tipos de glóbulos blancos, se encargan de devorar a los agentes patógenos que tratan de atacar al organismo.

Pero antes de los neutrófilos y monocitos, otros glóbulos blancos llegan a la zona herida y proporcionan al cuerpo una respuesta inmediata para contrarrestar la capacidad de muchos microbios de incrementar rápidamente su número.

Ese trabajo lo realizan normalmente células epiteliales, mastocitos y leucocitos que residen en el área de la infección.

Pero, según desvela este estudio, en este puzzle para defender el organismo, las células de grasa "se sitúan en primera línea de batalla contra las infecciones", destacó Gallo.

No toda la grasa es mala, pero tampoco toda es buena.

El estudio también muestra que un exceso de células de grasa puede conducir al desarrollo de enfermedades autoinmunes o inflamatorias, como lupus, psoriasis o rosácea, y enfermedades crónicas que afectan a la piel, entre otros órganos.

Para Gallo, el estudio abre "nuevas y fantásticas opciones" y espera que el descubrimiento permita despejar nuevas vías de investigación y buscar una aplicación práctica a los hallazgos.

"Por ejemplo, los fármacos que usan los diabéticos podrían beneficiar a otras personas que necesitan desarrollar inmunidad. A la inversa, los hallazgos podrían ayudar a los investigadores a comprender enfermedades asociadas con la obesidad", apunta el científico.

Redacción Leo.bo

Fuente: EFE

 

18 Diciembre 2014

La mayor parte de la grasa que una persona pierde al adelgazar se expira a través de los pulmones como dióxido de carbono, según un estudio realizado por científicos australianos.

El jefe de la investigación, el físico Ruben Meerman, descubrió al analizar la bioquímica de la grasa que el 84 por ciento de los átomos de grasa son exhalados como CO2 y el restante 16 por ciento se pierde en forma líquida, reporta la cadena local ABC.

Si bien la fórmula de la grasa, que se conoce desde la década de 1960, es una mezcla de carbono, hidrógeno y oxígeno, nadie había cuantificado exactamente qué pasa con todos los átomos de grasa que se queman con los ejercicios.

Se sabía que el carbono se convierte en dióxido de carbono y que los otros elementos, como el hidrógeno se convertirán en agua, "aunque no se sabía qué pasaba con los átomos de oxígeno que son parte de la molécula de grasa", señaló el físico australiano.

Tras cuatro meses de investigaciones, Meerman, quien también es presentador del programa Catalyst de la ABC, y su compañero Andrew Brown, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, descubrieron un artículo científico publicado en 1949 que solucionó este enigma.

Este mostraba que los átomos de oxígeno eran compartidos entre el dióxido de carbono y el agua en una proporción de 2 a 1, lo que supone que por cuatro átomos de oxígeno que son exhalados, dos son excretados en los fluidos corporales como el sudor, las lágrimas y la orina.

Este dato les dio a Meerman y Brown la cifra final de 84 por ciento de átomos de grasa exhalados como dióxido de carbono y el restante 16 por ciento como agua.

El análisis también mostró que por cada 10 kilogramos de grasa perdida u oxidada, el cuerpo necesita 29 kilogramos de oxígeno adicionales, agregó la fuente. El estudio también muestra que se pierde una mínima cantidad de peso como CO2 exhalado en un día sedentario típico.

Redacción: Leo.bo      

Fuente: EFE

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