Santa Cruz de la Sierra
Allart Hoekzema

Allart Hoekzema

Write on Martes, 29 Octubre 2019

Mi padre, un tan experimentado como moderado político holandés que nunca se ha retirado por completo del escenario público de los lejanos Países Bajos, me llama temprano en la mañana. Con evidente preocupación en su voz, pregunta por su nieto. Respondo, fingiendo una calma que en realidad no siento: “Sebastián está bien. Juega todos los días en la casa de mis suegros con amiguitos y, sobre todo, amiguitas del barrio. No se da cuenta de las tensiones políticas en el país”. Mi padre, inevitablemente, da rienda suelta a sus pasiones analíticas diciendo: “Más bien se  trata de tensiones sociales. Lo que yo veo, más allá de las sospechas de irregularidades electorales, es un país donde falta la moderación, la cultura del consenso y del diálogo, es decir, el equilibrio social. Todo está permanentemente radicalizado y polarizado. Reina la polémica. El lenguaje de los protagonistas públicos por lo general es muy violento”. Observo: “Bueno, papá, usted está acostumbrado a la política nórdica. Los bolivianos son distintos. Digamos, por lo menos, que la política aquí no es tan aburrida como la de Holanda”. Mi padre sentencia: “En países con equilibrio social la política es siempre aburrida. Y los políticos no tienen carisma, así que no hay riesgo de caudillismo”. Le pregunto: “¿Y cómo está mi mamá?”. Mi padre dice: “Tu mamá está aquí a mi lado, refunfuñando. Me dice que no tengo que hablar de cosas abstractas. Me gustaría charlar un poquito más, pero ella es muy insistente, como vos sabés. A ver, te paso con tu mamá. Ni modo”. Mi madre, una experimentada pero no tan moderada artista plástica que tampoco se ha jubilado definitivamente, exclama: “¡Hijo! ¡¿Por qué diablos no escapás?! Vengan aquí, los tres. Agarren el primer avión disponible”. Le digo: “Mamá, por favor, tranquilízate. No estamos corriendo ningún albur. Emmita y Sebastián están bien. Además, en el barrio El Trompillo estamos bastante lejos del epicentro del conflicto”. Mi madre quiere saber si su nieto sigue yendo al colegio. “No, mamá, todo se detuvo aquí. Sebastián, prácticamente, está de vacaciones”, explico. Ahora ella cambia radicalmente de tema. Pregunta: “¿Y tu pie? ¿Seguís haciendo fisioterapia?”. Digo: “Debería hacerlo, pero el fisioterapeuta Luis vive lejos. No me puede visitar, ni yo a él”. Mi madre dice: “Ay, entonces, tu pie está en crisis, al igual que el país. Otra cosa, ¿seguís escribiendo en el periódico?”. Digo: “Sigo escribiendo todos los días. Hoy voy a escribir sobre la crisis de mi pie”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Lunes, 28 Octubre 2019

Por enésima vez en estos días de incertidumbre, le propongo a mi hijito Sebastián jugar en la piscina inflable, en el patio de la casa de mis suegros. Sebastián me mira sin entusiasmo y dice: “No, gracias. ¡Ya papá!”. Pregunto: “¿Qué querés decirme? ¿Por qué me decís ‘ya papá’?”. Mi hijito explica: “Me duele la garganta. Además, ya no quiero hacer siempre lo mismo”. Sugiero: “Entonces, ¿vamos a jugar con Lego? Podemos ir al atelier de la mamá. No hay nadie allí en estos días. Vamos a jugar con tu Lego allí. Me gusta la tranquilidad del atelier”. Otra vez, Sebastián dice: “No, gracias. ¡Ya papá!”. Comento: “Prefiero que no me digas ‘ya papá’, por favor. Me molesta”. Mi hijito observa: “Yo digo ‘ya papá’ por qué estoy aburrido. Quiero hacer otras cosas. Quiero ir al zoológico y al museo de historia natural”. Digo: “Sabés perfectamente que no podemos ir al zoológico ni al museo de historia natural, por el paro indefinido. Todo se detuvo”. Sebastián anuncia: “Okey, de ahora en adelante no te voy a decir ‘ya papá’ sino ‘papaya’. ¿Está bien?”. Contesto: “No sé si está bien. Depende. Explicame que querés decir con ‘papaya’”. Mi hijito cuenta: “En mis sueños todo sigue. No se detuvo nada. En mis sueños no hay paro indefinido. ¿Sabés que anoche soñé que mi amiga Sharid pudo organizar su fiesta de cumpleaños. Nos divertimos muchísimo en su fiesta”. Digo: “Ay, sí, pobre Sharid. Quería festejar su cumple ayer. Pero la situación política arruinó sus planes”. Sebastián exclama: “¡Papaya!”. Confieso: “Lo siento, hijo. No te entiendo. ¿Qué tiene la palabra ‘papaya’ que ver con la complicada situación política?”. Mi hijito contesta: “¿Sabés que en mi sueño le canté a Sharid la canción de cumpleaños más bella del mundo? ¿Sabés de qué canción estoy hablando?”. Adivino: “¿Acaso estás hablando del taquirari ese, o sea, del feliz cumpleaños a lo camba? Vamos a cantarlo ahora, en la realidad. Vamos, hijo, comienzo yo. ‘Hoy queremos que seas feliz y que brinque tu corazón…’”. Sebastián vuelve a exclamar: “¡Papaya!”. Repito no sin irritación: “Lo siento, hijo. No te entiendo”. Mi hijito explica: “No quiero cantar esa bellísima canción en la realidad. En mis sueños soy feliz. En la realidad ya no. Estoy súper aburrido. No quiero jugar en la piscina inflable. No quiero jugar con mi Lego. Y no quiero cantar”. Empiezo a entenderlo a mi pobre Sebastián. Le propongo: “Vamos a gritar juntos”. Sebastián inclina la cabeza. Los dos exclamamos a todo pulmón: “¡¡¡Papaya!!!”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Domingo, 27 Octubre 2019

El Gobierno Autónomo Municipal de Santa Cruz de la Sierra a través de la Empresa de Aseo de Santa Cruz (EMACRUZ), desarrolla un arduo trabajo durante los días de paro cívico indefinido.

Desde el miércoles 23, jueves 24, viernes 25 y sábado 26, se han desplegado camiones y personal en los diferentes distritos de la ciudad y así realizar el recojo correspondiente de los residuos sólidos pese a las dificultades que han tenido para circular en los diferentes puntos de bloqueos de la ciudad.

Johnny Bowles, gerente de Emacruz, informó que para la jornada de este sábado se estima recoger 2.000 toneladas de residuos sólidos, para ello pidió la colaboración de los vecinos que se encuentran bloqueando en los diferentes puntos de la ciudad para que cedan el paso a los camiones del operador privado por los barrios y para que puedan llegar al Complejo Sanitario de Residuos.

"Estamos trabajando por mantener limpia nuestra ciudad, pedimos que permitan el paso de los camiones recolectores de residuos y del personal que realiza la limpieza de las calles y avenidas. Son 300 personas, 30 camiones, 20 volquetas, 10 camionetas, 2 recolectores de residuos patológicos y 2 rolones los que están trabajando en esta jornada", manifestó Bowles.

También informó que el primer día de paro cívico se recolectó 500 toneladas de residuos puesto que solo se trabajó con 10 camiones, al resto no los dejaron circular por los puntos de bloqueos, para el día jueves 24 se pudo aumentar a 900 toneladas de residuos sólidos recolectados en 30 compactadores y el viernes 25 fueron recolectadas un total de 1.200 toneladas de basura con un equipo de 300 personas, 30 camiones, 20 volquetas, 2 rolones y 2 patológicos.

Durante la jornada de fin de semana se prevé recolectar un total de 4.000 toneladas de basura, el sábado 26 se recogió 2.000 toneladas y se espera recolectar otras 2.000 toneladas este domimgo con el trabajo de 300 personas distribuidas en 30 compactadores, volquetas, camionetas, patológicos y rolones.

Además se han desplegado 4 equipos de trabajo en mercados grandes, 3 equipos en los distritos 7, 6 y 12 y se ha ingresado a la zona Sur para intentar cumplir la frecuencia de recolección.

Bowles recordó que se debe tomar en cuenta que se hará un solo viaje debido a los inconvenientes que se están registrando en los puntos de bloqueo.

Los horarios de recolección en la zona Norte son los días lunes, miércoles y viernes de 6:00 am a 16:00 pm; en la zona Sur los días martes, jueves y sábado de 6:00 am a 16:00 pm; en el centro de la ciudad hasta el cuarto anillo todos los días de 18:00 pm a 3:00 am y en los mercados la recolección es todos los días durante el día y la noche.

Redacción: leo.com.bo

Write on Viernes, 25 Octubre 2019

Mi vanidad se manifiesta hasta en tiempos de crisis. Estoy vagando por el barrio El Trompillo en busca de un ejemplar de “La Estrella del Oriente”. Reina el silencio; no hay nadie en las calles. Y no hay periódicos, lo que me molesta particularmente ya que a mí me gusta comprar “La Estrella” sólo por el gusto de leerme a mí mismo. Justo cuando regreso a mi casa para escribir la nueva columna, me llama mi mejor amigo, el cineasta Tony Peredo, un ítalo-argentino, por cierto, de lejanas descendencias gitanas. Tony pregunta: “¿Qué hacés?”. Respondo: “Nada. Estoy molesto. Toda la situación del proceso electoral me pone triste”. El cineasta coincide: “Hay vibraciones de bronca y nerviosismo. Es la política boliviana, querido Allart. Es muy deprimente. No pensemos en la política por un rato. Pensemos en otra realidad”. Observo: “No podemos ignorar la realidad de aquí y ahora”. Para mi sorpresa, Tony me pregunta: “¿Qué tipo de sangre sos?” Digo: “A positivo, pero ¿qué tiene que ver eso con nuestra situación?”. El cineasta explica: “Te dije que íbamos a pensar en otra realidad. Te cuento que A positivo es poco común”. Comento: “En Holanda es muy común”. Tony revela: “Ese tipo de sangre es extraterrestre”. No digo nada y mi mejor amigo prosigue: “Tengo un amigo que pertenece a un grupo que se llama los ‘guerreros de la luz’. Es un chico que estudió mucho sobre los ‘anunnaki’ y razas superiores o, mejor dicho, extraterrestres”. Indago: “¿Estás hablando de los sumerios y de la mitología mesopotámica? Es decir, ¿de deidades que descendieron del Cielo?”. El cineasta dice: “Exactamente. Deidades provenientes de otro planeta que, gracias a una ingeniería genética muy avanzada, crearon varios tipos de seres, entre ellos los humanos. Mi amigo dice que nos seleccionan, supuestamente, como dice la Biblia, para el arrebatamiento. ¿No es que hablan de seres  que van a venir a confundirnos? Prácticamente, nos van a llevar. Nos van a rescatar”. Admito: “Ya me perdí. No sé mucho de la Biblia. Soy holandés”. Tony dice: “Por favor, tené un poco de fe y paciencia. Mi amigo dice que yo soy ‘hummie’, un descendiente también extraterrestre. Ahora escuchame bien, porque yo sé que vos, al igual que yo, sos ‘hummie’. Y sé que nos están esperando ahora en Santiago de Chiquitos para llevarnos con ellos en su nave espacial a otra realidad. ¿Qué decís? Te advierto, si vamos no volveremos jamás”. Digo con horror: “Ay, Tony, eso suena hasta más deprimente que nuestra situación actual”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Miércoles, 23 Octubre 2019

Mi hijito Sebastián abre los ojos y le digo: “Hoy no vamos al colegio. El directorio nos avisó en la madrugada. Tu mamá recibió el mensaje”. Sebastián exulta: “¡Genial!”. Comento: “No sé si es tan genial. Hay mucha tensión en la ciudad. Dicen que van a organizar un paro indefinido”. Mi hijito pregunta: “Entonces, ¿qué vamos a hacer hoy? Quiero ir al zoológico. Quiero ver si hay mucha tensión en el zoológico también. ¿Podemos ir a ver a los animales?”. Digo: “No creo, hijo. Primero tenemos que ir al mercadito El Trompillo y al supermercado. Lo que hay que hacer en estas circunstancias es acaparar”. Sebastián quiere saber qué es “acaparar”. Le explico: “Tenemos que abastecernos, es decir, comprar y acumular más alimentos posibles porque no sabemos si las tiendas van a estar abiertas en los próximos días”. Mi hijito entiende el concepto y sugiere: “Vamos a comprar un montón de bolsas de papas fritas, papá”. Luego pregunta: “¿Y qué vamos a hacer después?”. Contesto: “Vamos a tener que ir al surtidor para echar más gasolina posible. Eso puede durar mucho, me temo”. Sebastián dice: “Ay, papá, no me gustan las cosas que duran mucho”. Yo digo: “Lo sé, mi hijo. Pero nos encontramos en una especie de estado de emergencia. Además, tenemos que llevar a los abuelos y a la tía Yudit al aeropuerto. Necesitamos gasolina”. Mi hijito pregunta: “¿Por qué los abuelos y la tía Yudit van a viajar? ¿Quieren escaparse de Bolivia?”. Trato de tranquilizarlo: “No, mi vida. No van a escapar. Lo que pasa es que tu abuelo, el papá Hugo, tiene que ir a Estados Unidos por motivos de salud. Le toca su chequeo médico. No te preocupes, van a volver pronto”. Sebastián me mira triste y dice: “Quiero viajar con ellos. Quiero escaparme”. Le digo: “No, mi niño, nosotros tenemos que quedarnos. Tenemos que cuidarlos a tus gatos. No podemos abandonarlos”. Mi hijito observa. “Los gatos pueden viajar con nosotros. Es mejor”. Explico: “No podemos viajar. Tu mamá y yo tenemos que quedarnos aquí. Vivimos y trabajamos aquí”. Sebastián acepta su destino: “Okey, pero ¿qué vamos a hacer después de acompañar a los abuelos y a la tía Yudit al aeropuerto?”. Respondo: “Después vamos a hablar por teléfono con tus otros abuelos, en Holanda. Ellos están muy preocupados. Acaban de mandarme un mensaje”. Mi hijito indaga: “¿Y al final vas a escribir tu columna? ¿Qué vas a escribir, papá? ¿Vas a  escribir algo divertido?”. Suspiro: “Me temo que no, hijo”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Martes, 22 Octubre 2019

“Papá, adiviná qué soy”, dice mi hijito Sebastián. Contesto: “Sos un niño y estás jugando en una piscina inflable que te regaló tu tía Rossy. Sos un niño muy feliz, porque esta piscina es la cosa más bella que te regalaron para tu cumple”. Sebastián dice: “No, nada que ver, papá. Soy un escalar. ¿Sabés qué es un escalar?”. Digo: “Es un pez, ¿no es cierto?”. Mi hijito pregunta: “Pero, ¿qué tipo de pez?’. Admito: “No sé, hijo. Vos sabés mucho más de la naturaleza y de los animales que yo”. Sebastián explica: “Soy un pez ángel azul. A mí me gustan los peces y los angelitos”. Le digo: “Hola, pez ángel azul. ¿Cómo estás? ¿Qué tal tu piscina?”. Mi hijito responde: “Muy bien, pero extraño a mi amigo, el pez dorado. ¿Sabés quién es el pez dorado?”. Adivino: “¿Tal vez sea tu primo Sergio?”. Sebastián pregunta: “¿Cuándo viene mi primo, el pez dorado?”. Justo en este momento entra Sergio al patio de la abuela Josefina. Mi hijito comenta: “Ay, pez dorado, llegaste tarde. Desvístete rápido”. Sergio dice: “No traje mi malla. No puedo entrar a la piscina”. Sebastián dice: “Pero yo no llevo malla tampoco. Estoy en calzoncillos. A los escalares nos gustan los calzoncillos”. El primo explica: “A los peces dorados nos gustan las mallas”. Mi hijito suspira: “¡Uf! Entrá de una vez, con tus calzoncillos”. Sergito hace lo que le pide su primo. “¿A qué vamos a jugar?”, le pregunta. Sebastián dice: “Soy muy bueno para estar bajo el agua sin respirar. ¿Vos también, pez dorado?”. Sergio dice: “Los peces dorados somos los mejores para estar bajo el agua sin respirar”. Mi hijito le propone: “¿Vamos a apostar? Yo digo que yo voy a ganar y vos vas a perder”. Su primo contesta: “Yo sé que yo voy a ganar. ¿Me prometés que no te vas a enojar? Porque vos sos muy mal perdedor”. Sebastián protesta: “No soy mal perdedor. Yo soy muy buen ganador”. Mi hijito me mira y pregunta: “¿Querés ser árbitro? El pez dorado va a empezar y vos vas a contar, ¿está bien?”. Sergio hunde su cabeza en el agua. Y yo empiezo a contar. Sebastián me dice: “No tenés que contar demasiado rápido. Despacio nomás”. No reacciono para no perder el cómputo. Tras veinte segundos reaparece la cabeza de Sergito. Estornuda, el pobre. Luego se hunde mi hijito. Cuento: “…catorce, quince, dieciséis, diecisiete…” Emerge Sebastián, también estornudando. Me pregunta: “¿Cuánto?”. Contesto: “Ganó el pez dorado. El pez ángel azul aguantó sólo dieciocho segundos”. Mi hijito protesta: “No sos buen arbitro”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Lunes, 21 Octubre 2019

Entonces, por fin tras una campaña quizás demasiado larga, llegó el día de las elecciones, mientras nosotros, es decir, mi esposa Emmita, nuestro hijito Sebastián y yo nos encontrábamos en la casa de mis suegros. Sebastián, como de costumbre, se levantó temprano y nos despertó exclamando: “¡Tengo una idea! ¡Vamos a inflar la piscina que me regaló mi tía Rossy! La vamos a inflar en el patio de la abuela. Y luego vamos a nadar todo el día. ¡Es una idea muy buena!”. Emmita, con una paciencia admirable, dijo: “Efectivamente, es una idea muy buena, porque hoy va a hacer calor. Pero antes tenemos que ir a votar. Primero vamos a acompañar a los abuelos. Ellos tienen que votar en el colegio Juan Pablo II y yo, después, tengo que votar en el colegio Don Bosco”. Sebastián dijo: “No voy a ir a ningún colegio. Hoy es domingo”. Luego se dirigió a mí: “¿Vos también vas a votar?”. Expliqué: “No soy boliviano. No me dejan votar”. Los ojos de Sebastián se iluminaron. Me dijo: “Menos mal que no sos boliviano. Entonces, nosotros nos quedamos aquí y vamos a armar la piscina de la tía Rossy”. Le dije: “Eso lo vamos a hacer después, porque yo quiero ver qué pasa en los recintos electorales. Al final soy periodista, ¿me entendés? Quiero acompañarlos al abuelo, a la abuela y a la mamá”. Sebastián protestó: “Votar no es importante, jugar en la piscina sí”. En ese momento entró a la habitación de los huéspedes mi suegra Josefina quien le explicó a su nieto: “Amor, votar es muy importante. Pero no te preocupes. No vamos a demorar mucho. Vos te quedás aquí con la tía Yudit”. Sebastián se resignó y nosotros fuimos al colegio Juan Pablo II. Llegando a las ocho y media de la mañana tuvimos que constatar que la mesa número 16, la de mi suegro don Hugo Sosa, no estaba abierta todavía por falta de material electoral y jurados. Serían las nueve cuando don Hugo pudo emitir su voto. Luego le tocó a mi suegra Josefina en la mesa número dos. Para nuestra gran sorpresa, le dijeron que su nombre no estaba registrado. Mi suegra, con la misma paciencia admirable que tiene su hija Emmita, les explicó que tenía la doble nacionalidad, la venezolana y la boliviana, y que hace unos meses se había inscrito como nueva electora. Le dijeron: “Usted está nacionalizada pero no puede votar en las generales”. Mi suegra me susurró al oído: “Quizás jugar en la piscina realmente es más importante que votar”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Jueves, 17 Octubre 2019

Al recoger a mi hijito Sebastián, le pregunto a su profesora Yosalid cómo se está portando en lo que va de este mes. Yosalid me dice: “Sinceramente, Sebastián está un poco loquito”. Repito: “¿Loquito? Disculpe, profe, ¿en qué sentido?”. La profe explica: “No me hace caso. Y, sobre todo, no quiere escribir nada”. Reconozco: “Sí, lo noté. Menos mal que las madres de sus compañeros me pasan todos los días lo que mi hijito no ha hecho en el curso. Así que lo recuperamos por la tarde cuando hacemos tarea”. Yosalid comenta: “No entiendo por qué de repente no quiere escribir. Desde el principio de este mes de octubre se porta así”. Decido caminar con mi hijito hasta el taller de mi esposa Emmita. Sebastián está calladito durante la caminata. Le pregunto varias veces qué le está pasando últimamente, pero él se hace el opa, como se dice aquí. En el taller, su mamá le pregunta: “¿Cómo te fue en el colegio, mi vida?”. Nuestro hijito le dice a Emmita: “La profe dice que estoy un poco loquito”. Mi esposa me mira sorprendida y yo le explico: “Prácticamente, no se está portando bien desde el principio de octubre”. El urubicheño Dámaso Vaca, restaurador y mano derecha de Emmita, se entromete diciéndole a Sebastián: “Pero el mes de octubre es fantástico. Es el mes de la Virgen del Rosario y de los ángeles de guarda. A vos te gustan los angelitos, ¿no es cierto? Además, el 4 de octubre cumpliste siete años. Octubre es tu mes, niño”. Nuestro hijito le dice: “Tío Dámaso, ¿sabés que el 4 octubre también es el día mundial de los animales? A mí me gustan muchísimo los animales. Y los angelitos también”. Emmita observa: “No te preocupes, Allart. Si mirás atrás te das cuenta de que octubre siempre ha sido el mes loco de Sebastián. Se vuelve sumamente rebelde. Así fue el año pasado, en el kínder alemán, y hace dos años también, en el pre kínder. Vos tenés lo mismo. Tu mes loco es agosto”. Admito: “Ay, sí, aquí en el hemisferio sur agosto me vuelve loco. No sé por qué. Es el mes de mi cumpleaños. En Europa me sentía siempre súper bien durante todo agosto. Aquí no”. Sebastián dice: “Papá, octubre es mucho mejor que agosto. Es el mes más loco de todos los meses del año, ¿no es cierto, mamá?”. Emmita dice: “Claro, porque es el mes de mi cumpleaños también”. Sebastián promete: “Te vamos a comprar un regalo súper loco por tu cumpleaños”.

Allart Hoekzema Nieboer  MIGAJAS

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