Santa Cruz de la Sierra
Allart Hoekzema

Allart Hoekzema

Write on Lunes, 02 Marzo 2020

La biblioteca privada del cineasta Tony Peredo es inagotable: mi amigo suele releer con gran frecuencia los libros que él considera indispensables. Estamos conversando por teléfono y mientras preparo en mi cocina el almuerzo para mi hijito Sebastián, el cineasta me habla de un cuento de Borges titulado ‘El brujo postergado’. Le confieso: “Creo haber leído ese relato, pero no recuerdo su trama”. Tony me aconseja: “Entonces, tenés que volver a leerlo. El redescubrimiento de un tesoro es más satisfactorio que su descubrimiento original”. En este momento entra a la cocina Sebastián quien me dice: “Papá, colgá. Tengo una idea muy buena”. Me despido de Tony, tras lo cual le digo a mi hijito: “Vamos a almorzar”. Sebastián propone: “Vamos a almorzar en una hora. Primero quiero divertirme un poco”. Protesto: “Pero acabo de preparar tu almuerzo ahora”. Mi hijito comenta: “Ay, papá, lo calentaste. Podés volver a calentarlo en una hora, ¿no es cierto?”. Digo: “Está bien. Pero ¿me prometés que realmente vas a almorzar aquí en una hora?”. Sebastián pregunta: “¿Qué va a pasar si no mantengo la promesa?”. Explico: “Lo vas a ver. Te voy a acompañar en tu diversión y cuando yo diga, en exactamente una hora, que es hora de almorzar me vas a obedecer. Vas a ver lo que pasa si no me hacés caso, te lo prometo”. Mi hijito se encoge de hombros. Dice: “Okey”. Y después dice: “Vamos a ir a la plaza Blacutt”. Bueno, así hacemos. En la plaza Blacutt, mirando a mi alrededor, que consiste básicamente en árboles y palomas, le pregunto a Sebastián: “¿Y cómo querés divertirte aquí?”. Mi hijito dice: “Vamos al supermercado Fidalga. Me vas a comprar semillas y maíz, para las palomas”. Bueno así hacemos. A Sebastián le encanta darle de comer a las palomas y mientras ahora está haciendo justamente eso les cuenta sobre sus sueños que siempre están poblados por animales. Me explica: “A las palomas les gustan mucho mis cuentos, ¿lo sabías, papá? Ahora les voy a contar todo lo que soñé anoche”. Le digo: “Hijo. Es hora de almorzar”. Sebastián jura: “No va a durar mucho, papá. Mi sueño de anoche no fue largo”. Mi hijito se agacha y les susurra algo a las palomas. Me dice: “Listo. Ahora vamos a almorzar. Menos mal que la plaza Blacutt tiene un buen restaurante”. Mi hijito se dirige al Burger King. Yo lo sigo y cuando entramos el interior del restaurante favorito de Sebastián se transforma en nuestra cocina. “Bueno, voy a volver a calentar tu almuerzo”, digo.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Viernes, 28 Febrero 2020

Cuando estamos todos juntos bajo la luna, en el patio trasero de nuestra casa, en el imperecedero condominio Siena, solemos hablar de las inasibles características del tiempo. Recuerdo unas bellas meditaciones por parte de mi mejor amigo, el cineasta Tony Peredo, sobre la posibilidad de que el nacimiento de un ser humano sea un ‘micro Big Bang’ que crea dos vidas que se pueden definir como ‘gemelas’: una, la consciente, que corre hacia adelante, y la otra, la oscura, que corre hacia atrás. Sólo a través de nuestros sueños (y, de vez en cuando, mediante un fenómeno comparable con el karma budista), así adivina el cineasta, podemos sospechar la existencia de esta tenebrosa segunda vida. Dejo la elaboración del fantasioso concepto de las ‘Twin Lives’, como efectivamente prefiere llamarlo Tony, para otro momento quizás más apto para reflexiones fuera de lo normal. Los tiempos actuales, sinceramente, no permiten semejantes desviaciones. Aunque ahora estamos nuevamente todos juntos bajo la luna en el patio, nos damos cuenta de que no conviene hablar del tiempo sino de la política boliviana. El urubicheño Dámaso Vaca abre las danzas, suspirando: “Pucha, que semana más pobre la que acaba de terminar. No me gustó el carnaval en absoluto. La incertidumbre política mató la fiesta. La gente está sumamente desorientada, ¿no es cierto?”. Mi esposa Emmita coincide: “Yo también he perdido la brújula. ¿Quién puede indicar el rumbo para el país? ¿Qué vamos a hacer cuando lleguen las elecciones? A mí, honestamente, no me inspira ninguna de las opciones disponibles”. Yo (por cierto, contento de vivir en Bolivia pero también contento por no ser boliviano) digo: “Ay, sí, ¿qué van a hacer ustedes en las urnas?”. El cineasta Tony Peredo dice: “Todos tenemos sensaciones encontradas. Es difícil razonar de manera clara en estos tiempos. Lo que domina ahora en Bolivia es la crítica negativa. Sabemos perfectamente lo que no queremos. O sea, no queremos volver al pasado lejano ni reciente. Pero, ¿luego? ¿Adónde queremos ir? ¿Acaso algún político boliviano lo sabe? Falta la inspiración, algo que pueda conciliar la mente y el corazón de la gente”. Dámaso Vaca pregunta: “¿Por qué les resulta tan complicado a nuestros políticos proponer un programa inspirador?”. Emmita dice: “Estoy de acuerdo con Tony. Hay mucha crítica negativa entre los bolivianos. Pero lo que falta es la autocrítica. Todos tenemos que educar mejor a nuestras mentes y corazones”. Yo no digo nada, ya que no puedo mejorar esta conclusión.

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Write on Viernes, 28 Febrero 2020

Seguimos hablando por teléfono con mi mejor amigo, el cineasta Tony Peredo, quien por pura vanidad intelectual nos pregunta en italiano: “¿Sono ancora in viva voce?”. Mi hijito Sebastián dice: “Sí, tío Tony, los dos te escuchamos bien”. “Hola, niño mágico. Hablando de vivir en el aquí y ahora, ¿qué vas a hacer hoy? ¿Tenés mucha tarea?”, quiere saber el cineasta. Yo digo, no sin resignación: “Mi hijo siempre tiene muchísima tarea”. Sebastián me corrige: “No siempre. Hoy tengo poca tarea. Además, es algo que ya hicimos en primero de primaria. Mi profesora de segundo de primaria no lo sabe, menos mal”. Le pregunto: “Entonces, ¿qué tenemos que hacer?”. Mi hijito explica: “Tengo que repasar el ciclo de la vida. Mañana voy a hablar en mi curso sobre las cuatro fases de los seres vivos”. Tony indaga: “¿Y cuáles son?”. Sebastián contesta: “Nacer, crecer, reproducir y morir”. Ahora el cineasta quiere saber cuál es la fase favorita de mi hijito, quien para mi sorpresa dice: “Morir”. Le pregunto: “¿Y por qué?”. Sebastián responde: “Morir es un misterio. ¿Recuerdas, papá, qué pasó cuando murió Larry Lagartija? “. Digo: “Pero tu lagartija no murió. Lo rescatamos. Vos encontraste ese animalito en el jardín de la abuela Josefina. No se movía, pero vos me dijiste que respiraba muy despacio y decidiste llamarlo Larry Lagartija. Bueno, al pobre Larry lo pusimos en una pequeña caja para que se recupere. Y al día siguiente ya no estaba en la cajita. Se había vuelto al jardín de la abuela. Larry sobrevivió gracias a nosotros”. Mi hijito me mira con una sonrisa y dice: “Ay, papá. Larry no sobrevivió. Murió en la noche y vos lo sacaste de la cajita y lo botaste en el inodoro. Yo te vi. No entiendo por qué no querías decirme que Larry había muerto”. El cineasta Tony Peredo interviene, diciendo: “Es que la muerte no es un tema fácil”. Sebastián repite: “Morir es un misterio”. Y luego dice: “Pero la muerte no me da miedo. No soy como los demás niños”. Quiero cambiar de tema. Menos mal que el cineasta tiene la misma intención. Ahora Tony le pregunta a mi hijito: “¿Y cuáles son tus seres vivos favoritos?”. Sebastián dice, solemne: “Amo a todos los seres vivos, porque me encanta la naturaleza”. El cineasta le dice: “Qué cosa más extraordinaria. Tu papá es diferente. Tu papá no es un amante de la naturaleza”. Yo digo: “Pero estoy mejorando, gracias a Sebastián”. Mi hijito concluye: “Mi papá tiene miedo a la naturaleza. Y también a la muerte”.

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Write on Viernes, 28 Febrero 2020

Mi hijito Sebastián me pregunta: “Papá, ¿por qué el día después del carnaval se llama miércoles de ceniza?”. Confieso: “No lo sé, hijo. Como ya sabés, los asuntos religiosos no son mi fuerte. De todas maneras, miércoles de ceniza siempre me recuerda a la frase ‘el pasado es un cubo lleno de cenizas’. No sé de quién es. Un escritor norteamericano, creo”. Sebastián dice: “Mejor llamar a mi tío Tony. Él sabe mucho más que vos, papá”. Llamo a mi mejor amigo, el cineasta Tony Peredo. Le digo: “Te pongo en alta voz. Estoy con Sebastián. Queremos saber por qué el día después del carnaval se llama miércoles de ceniza. Le conté a mi hijo que ese término me hace pensar en la frase ‘el pasado es un cubo lleno de cenizas’. ¿La conocés?”. Tony dice: “Esa frase forma parte de un lindísimo poema de Carl Sandburg”. Dando rienda suelta a su notoria erudición, el cineasta recita la versión original del entero poema y luego la traducción en español. Nos explica: “Es un homenaje al presente. Hay que vivir aquí y ahora”. Mi hijito observa: “No contestaste mi pregunta, tío”. Tony dice: “Ah, sí, el porqué del miércoles de ceniza. Bueno, se refiere a la ceniza de la quema de los ramos del  domingo de ramos del año pasado, que se pone en la cabeza de los creyentes. Es un signo de nuestra vida pasajera”. Ahora mi hijito le pregunta al cineasta: “¿Te gustó el carnaval? ¿Saltaste y jugaste con agua?”. Tony contesta: “No festejé el carnaval. Tuve que trabajar”. Sebastián insiste: “¿Pero te gusta la fiesta?”. El cineasta dice: “Claro que sí. En general, el carnaval me gusta”. Mi hijito dice: “A mí también. Pero a mi papá no. Mi mamá fue al corso con sus amigas. Yo tuve que quedarme en la casa con mi papá. Fue muy aburrido”. Tony me mira en busca de una explicación. Le digo: “Vos sabés que no me gustan las grandes muchedumbres”. El cineasta comenta: “Pero el corso es algo fantástico para la imaginación de los niños. Los carros alegóricos, las coreografías, los disfraces. Todo eso le hubiera encantado a Sebastián”. Mi hijito le dice: “Mi papá no quiere llevarme a ninguna fiesta del carnaval”. Explico: “Son situaciones caóticas donde los niños a menudo corren el riesgo de perderse”. Sebastián protesta: “Pero yo soy un niño grande y no me pierdo nunca”. Tony suspira y dice: “El carnaval se terminó. Ya es un cubo lleno de cenizas. Mejor fijarse en la próxima fiesta”. Mi hijito dice: “La mejor fiesta del año es mi cumpleaños. Voy a agarrar el control remoto para presionar el botón adelanto rápido”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Viernes, 21 Febrero 2020

Nos encontramos con nuestro hijito Sebastián en el auto de mi esposa Emmita, mientras afuera está lloviendo a cántaros. Sebastián exclama: “¡Mirá, mamá! ¡La avenida La Barranca se parece al río Piraí! Nuestro auto es un barco que nos llevará al puerto. ¿Saben cuál es el puerto?”. Mi esposa adivina: “¿Tu colegio?”. Nuestro hijito exulta: “¡Sííí! ¡Bravo! Diez puntos para la mamá, cero para el papá”. Digo: “No me gusta la lluvia. Nunca me voy a acostumbrar a esta fealdad. La ciudad se  pone súper fea cuando llueve. El problema es que Santa Cruz no está preparada al agua. Sabemos desde hace siglos y siglos que aquí llueve a menudo. No obstante, cada aguacero nos agarra desprevenidos”. Sebastián dice: “Ay, papá, no seas aguafiestas. Estoy jugando con la mamá. La avenida es un río y la mamá es la capitana de nuestro barco. Y no sé si vamos a encontrar el puerto. Me gustaría navegar todo el día sin parar”. Emmita comenta: “Sebastián tiene la actitud correcta. Inútil quejarse del diluvio. En estas circunstancias hay que improvisar. Menos mal que los bolivianos somos expertos en la improvisación. Tal vez no estemos siempre tan preparados, pero nadie sabe improvisar como nosotros”. Nuestro hijito le pregunta a su madre: “¿Qué significa ‘improvisar’?”. Mi esposa responde inmediatamente, sin tener que pensar ni un segundo: “Bueno, ‘improvisar’ es saber reaccionar a cosas imprevistas utilizando la creatividad y la fantasía. Por ejemplo, hijo, vos ahora estás improvisando, mientras que a tu papá no se le ocurre nada mejor que quejarse. Vos estás utilizando la imaginación. Así que nosotros estamos navegando con un barco en el río Piraí y tu pobre papá está renegando en un auto bajo un chaparrón”. Le digo a Emmita: “En serio, el problema aquí es que la gente nunca se prepara a nada. La moraleja de la historia de Noé y su arca no me parece tan complicada. Cuando llegue el diluvio universal hay que estar preparado, ¿no es cierto? ¿Vos pensás que mi país seguiría existiendo si los holandeses no aumentáramos cada treinta años los diques? Claro que no. Hay que ser conscientes, hay que construir. Hay que prepararse en vez de improvisar. Esta es la lección de Noé y también la de los Países Bajos”. Mi esposa primero mira a mí y luego a Sebastián. Comienza a reír. Le pregunta a nuestro hijito: “¿Se lo digo yo o querés explicárselo vos?”. Sebastián ríe igual. Le dice a su madre: “Yo lo voy a hacer”. Y a mí me dice: “Aquí todo es diferente. Aquí no estamos en Holanda, ¿entendés, papá?”.

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Write on Jueves, 20 Febrero 2020

Mi gran amigo, el cineasta Tony Peredo, tiene un carácter constante, lo que es la base de su éxito. No obstante, de vez en cuando le vienen profundas dudas existenciales, como ahora, justo cuando estamos por consumir el almuerzo en el atelier de mi esposa Emmita. Tony dice: “Estudié química e ingeniería de sonido en Buenos Aires. Ambas son materias no banales y los diplomas y atestados que conseguí siguen sirviéndome. Pero la vida es mucho más que la profesión que uno tiene. A lo que me voy, nunca aprendí realmente el arte de vivir”. Emmita le dice: “Comé, Tony. Cuando uno come algo, todo cambia. Es decir, todo se vuelve menos problemático”. Yo digo: “Les cuento que para mí la comida se ha transformado en un asunto problemático. Todo me hace daño, menos el agua y las galletas de agua”. Curiosamente, los demás, o sea, Emmita, nuestro hijito Sebastián, Tony y el urubicheño Dámaso Vaca ignoran mi comentario. Dámaso ahora opina: “Tony, sos un tipo inteligente. Eso nadie lo va a negar”. El cineasta dice: “Gracias, querido, por el cumplido”. El urubicheño advierte: “Esperá, hombre. Iba a decir algo más. Porque lo que pasa es que no hay ninguna correlación entre la inteligencia y la sabiduría. Mirá por ejemplo a Allart, nuestro amigo periodista. Él tiene hasta más diplomas que vos, pero, honestamente, no sé si lo podemos definir como una persona sabia”. Comento: “No se preocupen. Por lo menos, soy lo suficientemente sabio como para reconocer que no soy sabio”. Nuevamente, los demás ignoran mi comentario. Mi esposa Emmita dice: “En todos los estratos sociales hay personas sabias”. Nuestro hijito Sebastián dice: “Mi mamá es una persona muy sabia, menos mal”. Dámaso dice: “Lo confirmo. Tu mamá razona con la mente fría. Pero tu papá, a pesar de ser nórdico, es demasiado exaltado”. Exclamo: “¡¿Exaltado?! ¡¿Yo?! ¡Nada que ver!”. El cineasta busca calmarme, diciendo: “Bueno, digamos que sos impulsivo. Yo también soy impulsivo. Por eso me cuesta mucho razonar como un sabio”. Pregunto, todavía bastante alterado: “¿Y qué sería la diferencia? ‘Exaltado’ e ‘impulsivo’ son sinónimos. No traten de engañarme con palabras”. El urubicheño Dámaso Vaca dice: “Ay, pobre amigo periodista, ninguno de nosotros nunca te va a engañar con palabras. No es nuestra profesión.” Sebastián observa: “Cuando mi papá está conmigo no se equivoca nunca. Conmigo es muy sabio”. Mi esposa le dice: “Es que vos le das el buen ejemplo a tu papá”. Emmita tiene razón: no hay sabiduría más profunda que la inocencia.

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Write on Miércoles, 19 Febrero 2020

Estamos almorzando en la casa de la tía Angélica. Mi hijito Sebastián juega con la comida en vez de comerla. Mi sobrino Sergito, quien acaba de llegar de Estados Unidos donde nació el bebé de su hermana Irene, dice: “Tío, Sebastián y yo ya tenemos muy buenos planes para la tarde. Hace mucho que no juego con mi primo. Entonces, primero vamos a ir al zoológico. Luego queremos visitar la plaza 24 de Septiembre para darle de comer a nuestras amigas, las palomas. Y al final vamos a ir al museo de historia natural. Son muy buenos nuestros planes, ¿no es cierto, tío?”. Reconozco que los planes de mi sobrino y mi hijito son excelentes, pero lamentablemente me veo obligado a arruinar la fiesta. Explico: “Ay, Sergito, lo siento mucho. Estuviste ausente durante más de una semana. Tenés un montón de tarea. Y no se trata de tarea cualquiera, sino de tarea en alemán. Pero no te preocupes. Yo te voy a ayudar. Tu madre me lo pidió”. Sergito le pregunta a su primo Sebastián: “¿Por qué ya no estás en el colegio alemán? Debe ser por la tarea. Te dan demasiada tarea, ¿no es cierto?”. Mi hijito contesta: “No fue por la tarea. Fue por la plata. Mi papá dice que el colegio alemán es carísimo. Ahora estoy en un colegio barato”. Protesto: “No fue por plata, hijo. El colegio alemán no me gustó, ni a tu mamá”. Mi sobrino dice: “Demasiada tarea, ¿verdad, tío?”. Repito: “No fue por la tarea”. Sebastián insiste: “Fue por la plata”. Ahora digo: “Vámonos. Los dos tienen tarea. Vamos a estudiar arriba”. En la habitación del segundo piso abro primero la mochila de Sergito. Saco su agenda. Mi hijito Sebastián exulta: “¡Sííí! ¡Me acuerdo! ¡Es el ‘Hausaufgabenheft’!”. Sergito le pregunta, no sin asusto: “¿Qué es eso?”. Mi hijito dice: “Me acuerdo del ‘Hausaufgabenheft’. Es el cuaderno de la tarea. Me gustaba mucho ese cuaderno. Todos los días estaba lleno de palabras raras. Me encanta el alemán, porque suena muy chistoso. Suena tan chistoso como el holandés, ¿verdad, papá?”. Decido no comentar. Verifico lo que Sergito tiene que hacer para mañana. “Es muchísimo, me temo. Vamos a abrir la mochila de Sebastián”, propongo. Sebastián saca un libro de música, el cancionero patriótico. Nos dice: “En mi colegio no tenemos ningún ‘Hausaufgabenheft’. Extraño mucho mi ‘Hausaufgabenheft’ del colegio alemán. En mi colegio la profe escribe la tarea en la pizarra”. Sergito pregunta: “¿Qué tenés para mañana?”. Sebastián responde: “Tengo que aprender la letra del himno nacional. Pero no me gusta. El español no suena chistoso”.

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Write on Martes, 18 Febrero 2020

Seguimos discutiendo en la plazuela de La Barranca. El urubicheño Dámaso Vaca insiste: “En serio, esa noticia me hizo pensar, es decir, la nota que leí sobre los seis holandeses que vivían como vos, Allart, en el extranjero y que habían perdido la nacionalidad holandesa por no haber renovado sus pasaportes a tiempo”. El cineasta Tony Peredo dice: “Me parece una barbaridad. Evidentemente, el derecho a tu nacionalidad no es un derecho inalienable en Holanda, ¿verdad?”. Yo digo: “Vamos a ver. Mi padre también me ha hablado de ese asunto. Parece que el tribunal administrativo de Holanda ahora está estudiando el caso. Ojalá juzgue con sabiduría. En una sociedad libre y abierta la burocracia no debería atropellar al individuo. Me parece que al analizar la cuestión en fondo, todo se reduce a la visión que la sociedad tiene acerca del individuo”. El urubicheño comenta: “El individuo es un concepto sumamente ambiguo”. Le pregunto: “¿En Urubichá también?”. Dámaso se ríe y dice: “Inclusive en Urubichá”. El cineasta coincide: “Realmente, somos seres ambiguos. El individuo tiene una inclinación no solamente egoísta sino también altruista. Somos seres solitarios pero igual con grandes necesidades sociales. Es decir, nuestra identidad es individual y colectiva”. Protesto: “No sé si una etiqueta colectiva que llevamos con nosotros, qué sé, una etiqueta de raza, nacionalidad, género, etc., realmente es algo que determina una parte de nuestra identidad. Sinceramente, cuando yo pienso en la identidad pienso en cosas que te caracterizan como persona única, la historia particular de tu vida. No pienso en eventuales rasgos de tu grupo o de tu nación. Estas últimas cosas no son realidades, sino abstracciones”. El urubicheño puntualiza: “Yo estaba hablando del individuo como concepto ambiguo. El ser humano solo con sus criterios propios y su libre albedrío es una construcción jurídica que sirve como base de las leyes. Pero la realidad del ser humano concreto y verdadero es diferente. A mí tampoco me gusta pensar en términos de grupos o colectivos. Huele a rebaño. Pero no se puede negar que también tengamos una identidad o hasta varias identidades colectivas. En este sentido me atrevo a afirmar que la sociedad de Urubichá es un típico ejemplo ancestral. Los urubicheños o los guarayos en general solíamos cazar y pescar colectivamente. Y al mismo tiempo nunca hemos aceptado ninguna rígida jerarquía del poder, o sea, ninguna organización vertical de nuestras tribus”. El cineasta Tony Peredo exclama: “¡Guau! ¡Urubichá como arquetipo!”. Confieso: “No quiero ser holandés. Quiero ser urubicheño”.

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