Santa Cruz de la Sierra
Allart Hoekzema

Allart Hoekzema

Write on Martes, 19 Noviembre 2019

Mi esposa Emmita le propone a nuestro hijito Sebastián: “Vamos a la casa de tu primo Sergito. Hace mucho que no lo ves. La última vez fue antes del paro, el día de las elecciones, si no me equivoco”. Sebastián exulta: “¡Sí, mamá! ¡Genial! ¡Vamos!”. En menos de media hora llegamos. Sergito nos abre la puerta y dice: “Hola tía, hola tío y hola Sebastiancito”. Nuestro hijito le dice: “Vos sos Sergito, pero yo no soy Sebastiancito. Me llamo Sebastián. Ya soy grande”. Su primo rebate: “Yo soy alto”. Sebastián reconoce: “Sí, vos sos alto, pero pronto te voy a alcanzar”. Sergito insiste: “Soy mucho más alto que vos”. Nuestro hijito explica: “Por ahora sos más alto que yo, pero esto va a cambiar. Además, yo soy más grande que vos. Yo tengo siete años, vos seis”. Sergito jura: “Pronto te voy a alcanzar, el año próximo ya”. Sebastián se ríe y dice: “No me vas a alcanzar jamás. Siempre voy a tener un año más que vos. Es lógico. Vos no lo entendés, porque no estás en primero de primaria sino en el kínder”. Mi esposa Emmita interviene, diciendo: “Por favor, dejen de discutir. Ustedes son primos, deberían llevarse bien. Vamos, Sebastián, dale un abrazo a Sergito”. Ahora Sergito dice: “Ya no quiero que la gente me llame Sergito. Quiero ser Sergio, porque soy alto y grande”. Le digo: “Tenés razón. Sos Sergio. Suena mucho mejor que Sergito”. Emmita le explica: “Nosotros te decimos Sergito para evitar confusiones. Tu papá también se llama Sergio, ¿no es cierto?”. Sergito le pregunta a mi esposa: “¿Y por qué Sebastián no se llama Allart? El tío Allart es su papá. No entiendo. Sebastián debería llamarse Allart o, mejor, Allarcito”. Y mirándolo a su primo le dice: “Ya no te voy a llamar Sebastiancito”. Sebastián dice: “Menos mal”. Sergito puntualiza: “No te voy a llamar Sebastiancito sino Allarcito”. Nuestro hijito dice: “Nunca me ha gustado el nombre de mi papá”. Ahora intervengo yo, diciendo: “¡Basta ya! Realmente, dejen de discutir. Ustedes son los peores primos del mundo”. Mi esposa dice: “Vayan a jugar. Sergito, tu mamá me contó que tenés una mascota nueva”. Sergito dice: “Sí, se llama Conipanda. Es un conejo”. Sebastián comenta: “Ay, Sergito, conejos no son mascotas. Los conejos deberían vivir libres, en la naturaleza. Por ejemplo, yo tengo tres gatos. Ellos son mis mascotas. No tengo conejos. Pobre Conipanda, no es una mascota”. Su primo le dice: “Entonces, no te lo voy a mostrar. Voy a jugar solito con Conipanda. ¡Chau! ¡Chau! Volvete a tu casa, Allarcito”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Lunes, 18 Noviembre 2019

Mi mejor amigo, Tony Peredo, no sólo es un cineasta de notable talento sino también un gran experto en asuntos religiosos y paranormales. La coincidencia quiere que justo ahora Tony me llame. Resulta ser que no tiene ganas de hablar de la complicada situación del país ni de otras cosas terrenales. Me dice: “Allart, ya sabés que la historia de mi nacimiento es medio rara, ¿no es cierto? Sabés que yo nazco al mediodía. Cuando me llevan a la casa aparece un perro en el techo, un perro negro que me cuidó hasta los doce años, y de ahí desapareció”. Comento: “Naciste bajo una constelación extraña. Me recordás en cierto sentido a mi hijito Sebastián o, cómo decís vos, al ‘niño mágico’. El otro día, Sebastián me dijo: ‘Tengo una misión, papá. Tengo que viajar a los seis rumbos del espacio, es decir, norte, sur, este, oeste, arriba y abajo”. El cineasta observa: “No me sorprende. El niño mágico tiene una espiritualidad excepcional”. Digo: “Puede ser. Pero ¿cómo es posible que me hable en estos términos?” Tony explica: “Te habló de los seis rumbos del budismo. Tal vez el niño mágico no conozca el concepto. Sin embargo, lo percibe perfectamente. Por eso digo que tiene una espiritualidad excepcional”. Me disculpo: “Ay, Tony, vos sabés que en cuanto a la espiritualidad soy un analfabeta. ¿Me podés explicar algunas cosas básicas?”. El cineasta dice no sin hesitación: “Bueno, puedo hablar sólo de cosas que he percibido yo… Te confieso que es escalofriante ver a través de una mirada la muerte de las personas o ver que el cielo se raja a la mitad creando a un  tiempo dos realidades opuestas, cómo el día y la noche, que se perciben simultáneamente. O sea, ver que existe algo mucho más diferente a todo. De niño yo lloraba a menudo diciendo que el mundo era una gran mentira”. Digo no sin horror: “Ojalá el niño mágico no tenga esas percepciones”. Tony suspira: “Él es muy perceptivo, como yo. Muchas personas me piden consejos y me mandan fotos  de otras personas para saber qué es lo que veo yo a través de sus ojos. Estuve en varias iglesias o sectas en realidad, de magia roja y negra, buscando respuestas. Porque yo veo cosas que los demás no ven. Estuve un tiempo con los evangélicos y me decían ‘el televisor’. Me traían a la gente y yo la miraba y veía sus penas. Veo la energía de las personas, sus vibraciones y las traduzco en palabras”. Indago: “¿Y que ves cuando mirás a mi hijito Sebastián? Es como mirarte al espejo, imagino”. Tony revela: “En él veo mucha fuerza mental”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Viernes, 15 Noviembre 2019

Mi hijito Sebastián me despierta temprano en la mañana. Una lluvia torrencial azota el viejo techo de la casona cruceña de antaño de mis suegros donde seguimos haciendo vivac. “¡Papá, mira! ¡¿Viste la lluvia?! ¡Está lloviendo súper fuerte!”, exclama Sebastián. Le digo: “Lo sé, hijo. La lluvia empezó anoche, a las doce menos cuarto más o menos, y no ha parado”. Mi hijito me mira con aire conspiratorio y dice: “Fui yo”. Le pregunto: “¿En qué sentido?”. Sebastián repite: “Fui yo”. Indago: “¿Me estás diciendo que vos causaste la lluvia?”. Mi hijito explica: “Los que causaron la lluvia fueron los angelitos. Y el niño que rezó para que lo hicieran, fui yo. Se lo pedí con una oración muy especial”. Confieso: “Yo no sé nada de orar”. Sebastián dice con aplomo: “Lo sé, porque nunca vas a la iglesia. No lo entiendo. La iglesia de San Gabriel queda muy cerca, pero  nunca vas”. Repito: “No sé nada de orar. Sin embargo, no me parece de buen gusto pedir algo específico a través de una oración. Es decir, ¿cómo podés pretender que el azaroso Universo de repente cambie de rumbo? Huele a arrogancia pedir que el andamiento de las cosas se interrumpa por un capricho tuyo”. Mi hijito comenta: “Yo pido siempre favores a los angelitos. Y menos mal que me escuchan”. Observo: “Los angelitos no tienen nada que ver con esta lluvia. Vos sabés perfectamente cómo se forma la lluvia. Lo hemos leído varias veces en tu enciclopedia. Sabemos que las nubes están hechas de pequeñas gotas de agua y cuando las nubes se enfrían esas gotas se caen, ¿no es cierto?”. Sebastián dice: “Sí, papá, lo sé. Pero gracias a mi oración, los angelitos crearon un montón de nubes y luego se pusieron a soplar y soplar. Las nubes, entonces, sintieron frío y por eso cayeron las gotas de agua. Menos mal, en serio, porque la lluvia va a limpiar toda la ciudad. También va a limpiar mi colegio. Ayer olía muy feo en mi colegio, no sé por qué, pero ahora la lluvia va a solucionar todo”. Digo: “Tenemos que vestirte bien, mi hijito, con botas, impermeable y paraguas”. Mi hijito exulta: “¡Sí, papá, me encanta la lluvia! Anoche recé y recé y recé. Les pedí a los angelitos que nos mandaran muchísima agua, para los pobres animales en el campo, para las mascotas en las casas, para las aves en los árboles. Y también para nosotros, los seres humanos, los niños, los grandes, los abuelos. Para todos los bolivianos pedí agua. Necesitamos mojarnos todos, tomar agua, limpiarnos. ¿Lo podés creer? Fui yo”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Jueves, 14 Noviembre 2019

Estamos en el auto de mi esposa Emmita, de ida al colegio Adolfo Kolping. Nuestro hijito Sebastián está sentado en su silla de seguridad. Nos dice: “Tengo muchas ganas de volver al colegio. Extrañé mucho a mis compañeritos. También extrañé a las cotorritas en las ramas de los árboles frente al colegio. Menos mal que se acabó el paro”. Emmita le pregunta no sin desconfianza: “¿Estás hablando en serio, mi vida? ¿Estás contento de verdad?”. Sebastián dice: “Ay, mamá, ¿no me creés? Claro que estoy contento. Quiero volver al colegio y en la tarde quiero ir al zoológico y también al museo de historia natural”. Mi hijito toca mi hombro y pregunta: “Papá, ¿ya te sentís normal? Yo ya me siento normal. Durante el paro no me sentí normal. Fue un paro extraño, ¿no es cierto?”. Le digo: “Yo me siento normal también, por primera vez en más de tres semanas. Tenés razón, hijo. Fue un paro extraño. Hubo muchas cosas que me gustaron, sobre todo la calidad del aire. Vivir sin autos es una belleza. Pero ahora estoy contento, sobre todo porque ya no se siente la terrible tensión e incertidumbre”. Llegamos al colegio. Sebastián corre hacia su curso. Y Emmita y yo nos ponemos a charlar con María Helena, la psicopedagoga del Kolping. “Sebastián ha crecido en las últimas tres semanas. Está enorme. ¿Qué comió durante el paro?”, quiere saber María Helena. Emmita le dice: “No sé. Allart estuvo más con él. Yo trabajé en mi atelier mientras que ellos la pasaron en el bloqueo de la Madre India. Tal vez allí comieron mucho, es decir, más de lo normal”. La psicopedagoga indaga: “¿No será que Sebastián comió mucho por la tensión? Noté también que usted ha crecido, don Allart. Por lo menos, su barriga está más grande”. Confieso no sin sonrojo: “Sí, lo sé. Mi barriga está enorme. Es verdad, comimos bien y mucho durante el paro. La gente se mostró increíblemente generosa, en todos los bloqueos, no sólo en el nuestro. Vi muchos bloqueos en las últimas tres semanas”. Nos despedimos de María Helena. Propongo a Emmita: “Vamos a dar una vuelta en tu auto. Quiero ver cómo la gente ha dejado sus bloqueos. Quiero ver si los manifestantes se han portado bien hasta el final”. Pasamos por el cruce de la Madre India donde se han quedado tres toldos y una gran cantidad de escombros. Mi esposa exclama: “¡Qué barbaridad! Tu bloqueo es una vergüenza”. Digo con cobardía: “Sebastián y yo estábamos en el turno de la tarde. El turno de la noche no hizo su trabajo”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Miércoles, 13 Noviembre 2019

Yosalid Vedia, profesora de primero de primaria del colegio Adolfo Kolping, acaba de mandarnos tres hojas de tarea: dos de matemáticas y una de lenguaje. El impacto es como un tremendo trueno en un cielo despejado, es decir, no lo esperábamos en absoluto. Justo estaba con mi hijito Sebastián planificando nuestra jornada. Queríamos ir a nuestro querido bloqueo de la rotonda de la Madre India. Queríamos pasarla bien con los vecinos ya que, por fin, parece que está echada la suerte. Pero la tarea arruina todo. Sebastián me dice: “Vamos a quemar las hojas. Tienen que desaparecer. Decile a la profe que nosotros seguimos con las vacaciones”. Comento: “No podemos negar la realidad, me temo. Tenemos que ser responsables, hijo. El paro está por terminar. Fueron tres semanas sin igual, pero ahora hemos de retomar nuestras vidas. Y el colegio forma parte de nuestra vida”. Mi hijito me mira como si fuera un detestable judas y, de hecho, me dice que soy un “traidor”. Decido ignorar su mirada y su comentario. Nos sentamos en el patio trasero con un ábaco y un lápiz. “Primero te toca matemáticas. Hay que hacer sumas sencillas y sumas llevando con dos cifras. Y luego tenemos que leer dos cuentos, acerca del conejo Alejo y una niña llamada Chavelita”. Sebastián reniega: “¡Uf! ¡Qué cosa más aburrida, papá! Quiero ir al bloqueo. Quiero llevar mi Lego y jugar con mis amigos allí. No quiero estar aquí en el patio”. En este momento me llama el cineasta Tony Peredo, mi mejor amigo, quien pregunta: “¿Qué hacés? Ya no estás en el bloqueo, me imagino. Ya es un capítulo cerrado, ¿no es cierto? Estamos en la siguiente fase, es decir, la reconstrucción de un país”. Le digo: “Estoy aquí en mi casa. Tenemos que hacer tarea con Sebastián. El problema es que él no quiere. Él quiere que el paro continúe para siempre”. El cineasta medita: “Ahora la ciudadanía tiene una tarea colosal. Tenemos que aprender de una vez que una democracia sana necesita de ciudadanos críticos, gente que sepa que lo importante no es qué pensar sino cómo pensar. No somos rebaño. Somos todos individuos libres que no buscan a un redentor ni a un caudillo”. Repito: “Sebastián no quiere hacer tarea”. Tony dice: “Pasame con él”. El cineasta habla unos cinco minutos con mi hijito quien, al final, me dice: “Okey, vamos a hacer la tarea”. Le pregunto: “Pero, hijo, ¿qué te dijo tu tío Tony?”. Sebastián explica: “Me va a regalar la caja de Lego más grande que haya si me porto bien durante todo el último bimestre”.

Allart Hoekzema   MIGAJAS

Write on Martes, 12 Noviembre 2019

Mi padre, ex presidente del partido liberal de los Países Bajos, con un conocimiento histórico superior al mío, me llama por teléfono. Pregunta: “¿Y ahora, hijo? Entendemos aquí en Holanda que el Presidente de Bolivia renunció. ¿Cuál es la situación?”. Contesto: “Ay, papá, la situación es bastante confusa. El paro cívico sigue y, sinceramente, la tensión no está bajando. Hay varios incidentes, actos de violencia, quemas de casas, etcétera. Sin embargo, nuestro barrio El Trompillo sigue siendo un oasis de tranquilidad”. Mi padre indaga: “¿Y vos? ¿Seguís manifestando en el bloqueo de la Madre India?”. Confirmo: “Todos los días paso con tu nieto Sebastián a saludar y charlar. Y Sebastián sigue jugando allí con los niños del barrio. Hice varios recorridos por todos los bloqueos de la zona. Te cuento que el nuestro es uno de los más tranquilos. Hay de todo. Vi por ejemplo en el primer anillo, cerca del monumento de Melchor Pinto, un piquete muy divertido y tolerante, con gente amable y generosa. Tenían un cartel, dirigido a la gente que había votado por el Presidente, que decía: ‘Siéntense, únanse a nosotros. La estamos pasando mejor que ustedes’. Pero también hay bloqueos donde la gente se muestra muy arrogante e intransigente. A propósito, papá, ¿te acordás de mi amigo, el cineasta Tony Peredo?”. Mi padre dice: “Claro, lamentablemente no lo conozco en persona, pero sí, indirectamente, por tus relatos sobre él y, sobre todo, por las películas suyas que he visto. Su último filme, ‘HURTADO’, me gustó mucho”. Explico: “Bueno, Tony está en un bloqueo donde hubo muchísima tensión durante todo el paro. Él me contó que una de las líderes es una vieja alcohólica, súper aguerrida e intolerante. Esta vieja sigue cobrando a la gente que quiere pasar. Supuestamente, está cuidando bien a sus nietos aquí en Santa Cruz. Su hija trabaja en España y le manda plata para los niños. Pero esta sinvergüenza los tiene prácticamente abandonados. Gasta la plata en cerveza. Y, mientras tanto, se hace la gran opositora ‘justa’ y ‘valerosa’”. Mi papá observa: “La ironía de la historia quiere que entre los ‘justos’ a menudo haya gente de muy mala calidad. Y viceversa. Pero ahora ustedes tienen que estar particularmente atentos. La victoria para la oposición está cerca. Ahora lo que hay que evitar es revanchismo. El peligro de que vaya a haber persecuciones es grande. O sea, los ‘justos’ no tienen que volverse ‘jacobinos’. Hay que evitar el Terror. Hay que ser empático en la victoria. Que nadie se transforme en Robespierre”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Lunes, 11 Noviembre 2019

Estamos comiendo de la olla común preparada por mi esposa Emmita en su atelier en la calle Nataniel Aguirre, al lado de la capilla de San Gabriel. Entre nuestros comensales se encuentran nuestro hijito Sebastián, el urubicheño Dámaso Vaca, su hermano Bernardino Vaca, el costurero paceño José y el cineasta Tony Peredo. “Es la mejor papalisa que he comido en muchos años”, dice Dámaso. “Es que Emmita cocina con mucha imaginación y creatividad. Ella es una artista en todos los sentidos”, dice el cineasta. Mi esposa explica no sin modestia: “Lo que pasa es que estamos todos con hambre. La tensión acumulada en estas semanas de paro indefinido ha quemado mucha energía. Y cuando uno está con hambre aprecia cualquier comida”. El costurero paceño José mira mi plato. No he tomado ni una cucharada de la papalisa. Me pregunta: “¿Por qué no está comiendo, don Allart? ¿No se siente bien?”. Confieso: “Estoy con nauseas. Siento mucho dolor en mi pie. La tensión acumulada en estas semanas de paro indefinido ha causado acidez en mis músculos. Mi tobillo debe estar lleno de toxinas”. Dámaso dice: “Ya eras un tipo bastante sedentario, como la mayoría de los periodistas de aquí. Pero ahora estás peor. Usás tu pie como una excusa para no hacer nada. Tenés que moverte. Sudando, uno se libera de las toxinas”. El costurero paceño José comenta: “Don Allart necesita otro remedio. Yo sugiero el método de La Paz”. Pregunto: “¿Es decir?”. José explica: “Es sencillo. Tenemos que mascar coca hasta que se vuelva negra. Luego tenemos que escupirla, mezclarla con alcohol y poner esta sustancia en su tobillo. Y al final tenemos que envolver el tobillo con la piel de un conejo negro. Eso va a chupar las toxinas”. Bernardino Vaca dice: “Mejor el método de Urubichá”. Pregunto: “¿O sea?”. Bernardino explica: “Es más sencillo que el método de La Paz. Tenemos que hervir pedazos de corteza de cusi hasta que se forme una especie de mermelada. Luego hay que dejarlo enfriar un poquito y esparcirlo por todo el pie. Eso va a chupar todas las toxinas en un par de días. Pasado mañana ya va a poder correr el maratón, don Allart”. Mi hijito Sebastián, quien durante todo el almuerzo estuvo calladito, ahora dice: “Ay, papá, ¿sabés que tenés que hacer? Tenés que repetir tus sesiones de fisioterapia. Las que hiciste hace unas semanas atrás fueron sesiones truchas”. El cineasta Tony Peredo se ríe y coincide: “El niño mágico dio en el clavo, Allart. Exigimos nuevas sesiones de fisioterapia”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Domingo, 10 Noviembre 2019

Miles de raciones de almuerzo y cena para quienes necesiten un plato de comida hecha con mucho amor.

La Olla común es un programa de voluntarios, vecinas, clubes de madres y un gran equipo de funcionarios de todas las reparticiones, apoyados por instituciones y donantes que envían alimentos para preparar.

Fuente: GAM

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